Clases particulares

Clases particulares

Todos hemos oído en alguna ocasión que alguno de nuestros compañeros de curso estaba recibiendo clases particulares. Todos hemos pasado, como estudiantes, por diferentes altibajos y situaciones que han provocado un descenso de nuestro rendimiento y es en ese momento cuando empieza a tomar fuerza la figura del profesor particular. Si, como padres, teneis dudas acerca de cuando serán necesarias unas clases extras de refuerzo aquí van unos cuantos consejos y recomendaciones.

Primero de todo debeis distinguir un pequeño bajón de una situación que se dilata en el tiempo, porque de que se actúe o no a tiempo dependerá el éxito o fracaso del curso. Existen ciertos condicionantes que propician un descenso del rendimiento en el curso: cambio de centro escolar, pasar de una etapa (primaria) a otra (secundaria), una situación familiar de inestabilidad, incorporación de nuevos hábitos que distraen en exceso (videoconsolas, móvil, salir más de lo necesario…), nuevos profesores y métodos de estudio distintos a los acostumbrados o, sencillamente, atravesar la adolescencia, momento crítico en el que estadísticamente se conocen más casos de abandono escolar por falta de motivación.

La primera señal de que algo no va bien es observar el comportamiento del/la niño/a en el hogar,  afirma que no trae tareas, dedica poco tiempo a repasar, descuida su material escolar… todo esto no tardará mucho en reflejarse en el boletín escolar del trimestre. Tras analizar la situación, evitando el sentido de la autocrítica, la siguiente figura determinante es el tutor del alumno, quien guiará por el proceso por el que va atravesando el/la niño/a y probablemente describa situaciones completamente desconocidas para los padres. El mismo tutor, a tenor de las conclusiones extraídas de  las conversaciones, compartirá con los padres la opción de las clases particulares y, si fuera necesario, complementarlo con el apoyo y asesoramiento de un profesional facultativo.

Ante cualquier situación de alarma hay que actuar, sin dramas, porque hacerlo a tiempo estará beneficiando al niño no solo como estudiante, sino como persona.

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