Crítica a las oposiciones

Hoy voy a dedicarme a criticar las oposiciones… ¿Por qué no? Ya que tengo la oportunidad de quejarme a través de este blog, pues de vez en cuando desahoga decirlo a voz pública, y sirve de reflexión global de la situación actual

Estoy segura de que si en lugar de ser un escrito fuera un grito, oiría muchas tantas voces repitiendo mi queja a forma de eco.

No me gustan las oposiciones. Por muy asequibles que resulten o facilidades que nos pongan para hacerlas. Ni aunque me den el temario mascadito, ni los tests que va a salir en el examen: ¡¡Qué pérdida de tiempo más grande!! Nada de lo aprendido me servirá para el ejercicio de la profesión si consigo aprobar… Ya lo comprobaréis. No sirve de nada.

Por otro lado, si sus defensores argumentan que es para hacer la selección de los mejores opositores están muy equivocados. Pienso que no son fiables estas pruebas, no son útiles para seleccionar a los mejores aspirantes. Todo a una carta no me dice nada. Un mal día de un opositor le deja sin nada, un aspirante que empolló sólo un tema ayer por la tarde y le cae, ya es mejor que cualquier otro… Vamos, que resulta ridículo valorar si sirves o no para un trabajo de esta forma.

Para empezar, hay oposiciones a profesiones en las que el estudiante ya ha estudiado tres, cuatro, cinco y hasta seis años de su vida para sacar la carrera… ¿De qué le van a examinar ahora? De si le regalaron la carrera… Increíble!

Otro aspecto a tener en cuenta es el trabajo de los interinos. Hay profesionales interinos que llevan mucho tiempo trabajando de lo mismo que si le dieran la plaza fija: Entonces… ¿Son válidos para trabajar en el mismo puesto de trabajo, pero no son válidos para quedarse en la misma vacante año tras año? Ah, será que son buenos si dan vueltas, cada vez en un pueblo… Si estuvieran en la misma vacante, se notaría que no saben… Eso será…

Me parece un juego absurdo. Porque al final es eso, un juego, una lotería. Te la juegas y si te toca, tienes premio.

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