Cursos de verano para niños, como escogerlos

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Los cursos de verano, de un tiempo a esta parte, han evolucionado de forma significativa. De considerarse un mero entretenimiento han pasado a ser un elemento sustancial del desarrollo del niño a un nivel académico, físico, afectivo o psicosocial. Hay tres bases fundamentales sobre las que cualquier curso de verano orientado a niños debe sustentarse: debe divertirles, tener un contenido didáctico  y desarrollarse en un entorno seguro.   A partir de aquí existen algunos aspectos en los que los padres deben poner especial atención para que cumplan sus objetivos, veámoslos.

Un curso de verano debe ser impartido por un centro que cuente con personal cualificado y experto en diferentes áreas, cada una de ellas enfocada a las actividades que se ofrecen. Por ejemplo, si estas son aprender a nadar,  montar a caballo, etc.,  necesariamente han de disponer de monitores titulados en natación y socorrismo e hípica, además de contar con servicio de enfermería.  Es necesario comprobar la asignación de los monitores por cada grupo de alumnos. En caso de actividades en el exterior el número de monitores y coordinadores ha de ser mayor.

Es importante que tengan disponible el programa de estudios y actividades para permitir la libre elección de unas u otras. En caso de contar con servicio de comedor debe disponer de medios propios (instalaciones) que cumplan con las medidas higiénico-sanitarias precisas y entregar, igualmente, un plan de menús a los padres, equilibrado y adaptado a las necesidades nutricionales de cada grupo de edad.  Las instalaciones, en general,  deben estar debidamente preparadas y acondicionadas, y el material escolar ser apto para los alumnos y basado en elementos homologados y seguros.

Las actividades al aire libre, si se programan, deben desarrollarse en espacios habilitados donde no se ponga en peligro la integridad física de ninguno de los niños, además de estar adaptadas a la edad y condiciones físicas de cada uno de ellos.

Estos son los puntos fundamentales, pero el más importante es el comprobar que nuestros hijos están bien tratados, se sienten integrados, tienen ilusión por volver y que aprenden. Es, además, responsabilidad de los padres informar al centro de los requerimientos particulares (necesidad de medicación, alergias e intolerancias alimentarias, … ) y limitaciones de sus hijos para que el programa educativo se desarrolle en las mayores condiciones de seguridad y bienestar posibles.

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