El salto a la Enseñanza Secundaria

El salto hacia la enseñanza secundaria

Con la entrada en vigor de la nueva Ley Orgánica de Educación, allá por el año 2006, se implantó un nuevo modelo educativo en el que los estudiantes pasaban de los 14 a los 16 años en la enseñanza obligatoria, y se sustituían la primera y segunta etapa, que abarcaban hasta 8º de E.G.B. (Enseñanza General Básica)  por un nuevo proyecto educativo con la enseñanza primaria (hasta 6º de primaria)  y la enseñanza secundaria (1º, 2º, 3º y 4º de la E.S.O. ).

Actualmente, el salto de la enseñanza primaria hacia la enseñanza secundaria, es el principal escollo que deben vencer y superar, por igual, padres, profesores y alumnos. Muchos alumnos con buenas notas en primaria ven bajar irremediablemente su índice de aprobados para dar paso a algún que otro suspenso, para desesperación del propio alumno y de los familiares, principalmente.

No existen normas fijas, ni reglas exactas, para que el paso de un ciclo al siguiente sea menos frustrante, sin embargo, sí podemos decir que la elección del centro educativo tiene mucho que ver con esta problemática.

Siempre que sea posible, es preferible que el alumno continue en la enseñanza secundaria en el centro que, por su zona geográfica, le corresponda, y que será, además, el que recomiende el centro donde actualmente curse el último año de primaria.

El motivo es bien claro, normalmente, entre ambos centros existe una relación de cooperación, y puede resultar sumamente últil un trasvase de información al respecto de cualquier alumno que se incorpore al nuevo centro. De esta manera, el nuevo profesorado puede conocer la evolución del alumno, saber de su personalidad, su comportamiento, su grado de implicación con los estudios, e interpretar mejor los cambios que se produzcan.

También, por qué no, está el hecho de que el alumno seguirá contando en el nuevo centro con buena parte de sus antiguos compañeros, lo que afianzará su seguridad y hará menos difícil su adaptación a un nuevo entorno y una nueva estructura académica.

La familia, junto al nuevo profesorado, son ahora más importantes que nunca. Es sumamente fundamental que ambas partes se impliquen al máximo, se reunan con una periodicidad suficiente e intercambien información. Si aparece cualquier cambio importante en el alumno, de esta forma, se está a tiempo de detectarlo y actuar conjuntamente para atajarlo.

Por otra parte, no puede dejarse de lado al propio alumno, es necesario que se le inste a mentalizarse de una nueva situación, y de que debe ser más responsable, pero también de las enormes ventajas que ello le proporcionará, pues se sentirá capaz de responder positivamente ante retos cada vez más complicados.

Fuente imagen: Stock Photo.

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