Escoger una buena guardería (II)

En el artículo de ayer empezamos viendo los puntos imprescindibles por los que todo padre/madre debe decidir si la guardería que ha escogido para su/s hijo/s es la más conveniente. El último aspecto que pasamos a valorar, y que nos sirve de base para el post de hoy, era el referido al hecho de contar con aulas separadas, cada una de ellas para un determinado rango de edad. ¿Por qué es esto tan importante?. Imagina, por ejemplo, un centro donde los bebés de pocos meses (que requieren de cambios de pañal, más tomas de alimento o diferentes estímulos visuales y sonoros) comparten la clase con pequeños de 3 y 5 años. Evidentemente las necesidades de cuidado de unos y otros son evidentes, y en la parte educativa, donde unos se verían beneficiados otros no estarían siendo estimulados convenientemente.

Es importante que el centro te proporcione sus propias normas. Una buena guardería que quiera hacer las cosas bien dispondrá de su propio código de conducta y protocolo básico de actuación descrito convenientemente, y está obligada a facilitarlo si se pide, de hecho se elabora con ese fin. En este documento, que debe actualizarse con frecuencia además, debe figurar la plantilla de empleados de la que dispone el centro y detallar su rango, su nivel de entrenamiento, conocimientos y titulaciones.

Otro detalle a observar en una de las visitas al centro deberá ser para valorar la higiene, tanto del recinto como la que aplican los propios empleados, el nivel de seguridad implementado (colocación y/o protección de los enchufes, existencia de elementos cortantes, tóxicos o peligrosos cerca de las salas de juego y aprendizaje, etc.) el número de extintores en todo el edificio, las salidas de emergencia, el nivel de vigilancia y trato que ejercen los trabajadores, …

La guardería debe animar a los padres a que se involucren y participen del proceso educativo de sus hijos, ha de estar abierta al diálogo y reuniones periódicas, debe permanecer al tanto de las necesidades de sus alumnos y de las peticiones de los padres de estos que, en definitiva, son su medio de subsistencia, y, como no, gozar de buena reputación en plaza, para ello nada mejor que consultar con otros padres y tener un valioso testimonio de primer orden.

Por último, y sin que esto pueda resultar definitivo para decidirse o no, hay que valorar el hecho de que muchas guarderías instalan sistemas de vigilancia para que los padres puedan observar la actividad y el comportamiento de sus hijos desde cualquier ordenador o dispositivo con conexión a internet. Si bien no es un servicio obligatorio, como pueden serlo los anteriores descritos, sí es un detalle que muchas veces simplifica y mejora la comunicación bidireccional entre el propio centro y las familias, al ejercer como testigo neutral de muchas de las actividades que se realizan en el interior de las aulas.

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