Jugar a las adivinanzas

Nos empeñamos, muchas veces, en recurrir a sofisticados juguetes para distraer a los peques sin pararnos a pensar en lo divertidas que pueden ser algunas actividades empleadas durante generaciones por padres y abuelos para entretener a los niños de diferentes edades. ¿Sabes de qué juego podemos estar hablando? adivina, adivinanza…  

Detrás de un inocente juego de palabras, que por otro lado fascina al niño, se esconde una herramienta pedagógica importantísima. Las adivinanzas han servido de juego, como decimos, durante generaciones, mejorando el vínculo afectivo de padres e hijos, pero han servido significativamente, y sin que los educadores se dieran cuenta, para desarrollar la fantasía del niño, enriquecer su vocabulario, aumentar su motivación, ayudarle en la asociación de ideas, mejorar su habilidad comunicativa y facilitarle el proceso de aprendizaje de la lectoescritura.

Jugar a las adivinanzas es un pasatiempo que, si bien ha ido evolucionando con los tiempos, sigue manteniendo la misma esencia, ocultar la verdadera identidad de objetos, animales, oficios,  personas, alimentos, etc. con metáforas y juegos de palabras (en verso la mayoría de las veces) que el niño debe resolver. El atractivo educativo reside en, no solo su composición literaria y brevedad, sino en el ejercicio mental que exige del niño, que se siente obligado a discriminar entre posibles respuestas buscando la verdadera.

Con cada nueva generación es posible conocer más adivinanzas que, si bien tradicionalmente se transmiten de forma oral, hoy podemos encontrar recopiladas en libros o publicaciones de internet.

Sin duda, las adivinanzas son una sencilla pero a la vez enriquecedora actividad lúdica que merece la pena seguir conservando con los tiempos.

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