Jugar con los hijos, un momento educativo insustituible

A diario los adultos se ven obligados a cumplir con extenuantes jornadas laborales fuera de casa y -llegado el momento-  el cansancio, la apatía, el sueño o los muchos problemas relegan el momento de compartir charlas y juegos con el resto de la familia a “otra ocasión”. Los niños también viven inmersos en actividades extraescolares, tareas y estudios, pero no cabe duda de que su nivel de energía no es el mismo,  siempre están dispuestos a jugar, y si es con sus papás mucho mejor.

La triste realidad es que ocho de cada diez padres confiesan que no pasan con sus hijos ni siquiera 30 minutos de juegos y complicidad al día. La excusa es siempre la misma: “no hay tiempo”, pero realmente -y esto se ha dicho muchas veces- cantidad no es calidad.  Compartir con ellos un breve espacio del tiempo que nos sobra, aquel que empleamos en revisar de nuevo el correo, por ejemplo, o el que destinamos a ver la televisión, no solo supone entrar en contacto con su desarrollo intelectual, conocer como evoluciona su lenguaje,  sino que nos permite alimentar su autoestima, estrechar lazos, ganarnos su confianza, dejar que exteriorice sus emociones y -sobre todo- si jugamos de noche, le predispondrá al sueño.

A un nivel personal, reservar unos minutos con tu hijo/a te hará liberar las tensiones acumuladas a lo largo del día y logrará que puedas llegar a comunicarte con él/ella mucho mejor.  Como padres le podeis enseñar mucho más de lo que podais pensar. Le transmitireis cuanto le quereis, le enseñareis a expresarse, a entender como se puede perder y otras veces ganar, le vereis crecer sano y, sobre todo, feliz.

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