La educación sexual

La educación sexual

Puede ser un tema complicado, peliagudo, espinoso o incómodo, pero si hay un calificativo que define la educación sexual ese es el de necesario. La educación en la sexualidad forma parte del proceso formativo (de los padres, principalmente), dentro del plano social, afectivo y psicológico de sus hijos. Que sea o no un asunto difícil de afrontar reside en el propio concepto que de la sexualidad tengan los padres del niño/a. Precisamente los progenitores que viven este aspecto con naturalidad y como parte representativa y definitoria del ser vivo en su proceso de desarrollo emocional, además del reproductivo, son los que suelen llevar la voz cantante y se adelantan a las preguntas (lógicas) de sus hijos.

Afrontar todos los aspectos que rodean la sexualidad es obligación de los padres y un derecho de los hijos. Se quiera o no retrasar el momento, tarde o temprano comenzará la propia exploración de la sexualidad, y que los niños tengan bien claro este tema, que no es diferente a cualquier otro, evitará una concepción errónea o distorsionada de este comportamiento, que va más allá de lo meramente instintivo. Para que una educación sexual sea realmente efectiva debe fluir de manera espontánea, ser parte de conversaciones cotidianas, para que el niño lo asimile como algo normal. En todas las fases, que irán evolucionando conforme el niño se vaya desarrollando,  ha de analizar los siguientes aspectos:

– Debe emplear el término sexualidad -y todo lo que conlleva asociado- como algo natural, placentero, y no prohibido o pecaminoso

– Ha de tomar como base el disfrute voluntario y no forzado, en pareja o de manera individual

– Tiene que afrontar el hecho de que la sexualidad no siempre responde a la ecuación hombre-mujer y que ello no conlleva ninguna desviación o conducta enfermiza

– No ha de ser una clase de anatomía. El niño no busca conocer los órganos reproductores al detalle, sino que necesita respuestas a lo que le está sucediendo de un modo pragmático, sencillo y realista

– Debe tocar también el aspecto menos favorable, como es el hecho de la existencia de las E.T.S. o los embarazos no deseados y los métodos indicados para evitar ambas situaciones.

No hay que forzar, pero tampoco retrasar más de lo necesario la comunicación con un hijo en términos de educación sexual, el ritmo de crecimiento del menor, su personalidad,  irán marcando las pautas, incluso el mayor o menor desarrollo de los temas a tratar.

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