La televisión, medir adecuadamente su función educativa

La falta de tiempo libre deja a los padres, muchas veces, como única opción la de confiar el rato de ocio de sus hijos a medios como internet o la televisión.  No cabe duda de que bien empleados son recursos apropiados para fines educativos; en la red pueden encontrarse muchas que no solo divierten sino que también sirven de apoyo a la enseñanza escolar, y la televisión brinda (aunque no muchos) algunos contenidos enfocados a los más pequeños en determinadas franjas horarias.

La televisión, medir adecuadamente su función educativa

Uno de los miedos generalizados al respecto de los inconvenientes del uso de la televisión alude al hecho de que evita la actividad física y fomenta la obesidad en los niños. De hecho, la traba para un disfrute de la televisión surge a raíz del tiempo destinado en presenciar la programación televisiva como la causa de tal problema, pero hay que añadir también la edad límite en la que la empleamos con fines supuestamente educativos, ya que no siempre se cumple este objetivo.

La televisión suele ofrecer una imagen distorsionada de la realidad: crea héroes quiméricos, muestra comportamientos fuera de toda lógica, personajes fantásticos y publicidad (muchas veces) engañosa y exagerada. Visionar en exceso su contenido, más de dos horas al día,  puede ocasionar que se cree en los niños la percepción de que existe una existencia paralela a la que viven y que la persigan sin conseguirlo o que se crean ser lo que no son, con el consiguiente comportamiento asocial y la frustración posterior.  Los mensajes se suceden y muestran de manera vertiginosa, por lo que pueden ocasionar una excitabilidad añadida.

La televisión como medio educativo en los niños

El cerebro de los más pequeños (menores de 3 años) no está preparado para procesar este tipo de información, y además tampoco la necesita, por lo que en la medida de lo posible es importante restringir a este grupo de edades la programación televisiva, aunque solo se reduzca a los dibujos animados y contenidos supuestamente creados para ellos.

Los padres deben asistir junto a sus hijos a las sesiones de televisión, vigilar bien los contenidos y explicar lo que ven desde un punto de vista objetivo y real, para evitar que todo lo que aparezca ante los ojos de los niños sea interpretado como lo correcto, adecuado y factible.

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