Llegan las notas, y con ellas los premios y castigos

En el pasado curso académico 2010/2011 casi la mitad de nuestros estudiantes tuvo algún suspenso puntual, mientras que cerca de un 15% fracasó en tres o más asignaturas. Así se desprende del sondeo que realizó la Fundación Antena 3 -con estudiantes de primaria y educación secundaria- en el que, además, se reveló la manera en que las familias reciben una mala nota en casa, obteniéndose resultados muy dispares.

los premios y castigos en las notas escolares

De entre los encuestados con buenas notas, más de un 60% afirmó ser recompensados con regalos, mientras que de los estudiantes que obtenían algún suspenso se pudo conocer que casi el 50% de ellos recibían castigos. Pero, ¿cómo castigan los padres españoles a sus hijos cuando estos obtienen malas calificaciones?. También pudimos conocer los datos al respecto. En nuestro país los padres que reciben con desagrado algún suspenso regañan a sus hijos y les privan de aficiones como internet o jugar a la videoconsola; le siguen los castigos referidos a no ver la televisión o no dejarles salir con los amigos. Así también se suprimen las pagas durante un periodo determinado de tiempo.

Como el acceso a internet, o a la consola, es algo con lo que habitualmente cuenta el menor, la recompensa por las buenas notas no pasa por aumentar el tiempo en el que permanecen ante semejantes instrumentos tecnológicos, sino en comprar algún capricho que pudieran llevar pidiendo con anterioridad.

Ante lo positivo o perjudicial que el ejercicio de estas prácticas pudieran resultar para el estudiante, el trabajo concluyó con la opinión de expertos en la materia, quienes esclarecieron aspectos que se deberían tener en cuenta antes de actuar a la ligera o según lo tradicionalmente establecido. Expertos pedagogos coinciden en afirmar que premios (comprar caprichos materiales) y castigos (prohibiciones) pueden tener cierta utilidad en casos puntuales o circunstancias determinadas, pero en absoluto garantizan una reacción positiva, o pedagógicamente válida, de cara al verdadero objetivo de la educación, que ha de valerse de otros recursos para reconocer las dificultades y recriminar el poco esfuerzo.

Sin llegar a prohibir ni lo uno ni lo otro se ha de llegar a un punto intermedio, y utilizar el premio cuando ha supuesto verdaderamente un esfuerzo extra, y el castigo en última instancia, y sin retractarse posteriormente. De esta manera se aprende el verdadero valor de la sanción. Esta ha de tener un elemento sorpresivo, el menor no ha de saber, por costumbre, que es una fase que ha de pasar y superar hasta volver a la normalidad.

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