Malos hábitos que acaban arruinando los estudios

Toda disciplina exige una serie de condiciones físicas y mentales para favorecer la concentración y conseguir la ejecución eficiente de las tareas a seguir. Los estudios no se salen de esta máxima. Si al final del día hacemos un repaso de lo que nos ha salido mal podremos recapacitar sobre las causas que han motivado los errores. Muchas veces se trata de una mala disposición, otras por problemas físicos o distracciones innecesarias. ¿Qué hábitos de vida tienen tus hijos?, reflexiona bien sobre este asunto y puede que aquí encuentres la respuesta a su bajo rendimiento o falta de concentración en los estudios.

Malos hábitos que acaban arruinando los estudios

Alimentación. Esta es la causa de muchos “bajones” de rendimiento, tanto por exceso como por defecto. Un escaso, o nulo, desayuno, no tomar algo a media mañana, mala distribución de las comidas, así como un exceso de alimentos dulces o grasientos acaban por descompensar determinados niveles metabólicos que desembocan en malestar, mareos, dolores de cabeza o digestiones pesadas, entre otros. Para acabar con este problema es necesario ponerse firmes y obligar a que se sigan determinadas pautas alimenticias más sanas, como lo es el respetar un desayuno completo y nutritivo, la toma de algún alimento energético a media mañana, una comida principal al mediodía, merienda a media tarde y una cena algo más ligera. IMPORTANTE: los estudiantes y niños en fase de crecimiento NO DEBEN ESTAR A DIETA salvo indicación médica, y en ese caso se seguirán las indicaciones del facultativo en cualquier caso.

Descanso. Dormir poco y mal es un problema muy extendido entre la población adulta que muchas veces comienza en la infancia, provocando que exista cansancio y desinterés. Sea lo que sea que pongan en televisión, dedicar un mínimo de horas a dormir es necesario y esencial para un rendimiento y una salud plena. Si tu hijo va como un “zombie” la mayor parte del tiempo controla este aspecto.

Mención aparte supone el hecho del consumo de alcohol o drogas. Si bien en la infancia esto es algo más que improbable, por el mayor control que ejercen los padres, no puede obviarse el hecho de que cada vez desciende la edad de inicio en su consumo. Si bien a nivel físico es evidente un cambio, la detección se centra más en una variabilidad del carácter, un comportamiento más rebelde y huraño y, por supuesto, un descenso del rendimiento en los estudios. Aquí se hace necesaria una actuación conjunta con el centro y con profesionales en la materia.

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