Padres y abuelos, dos formas distintas de enfocar la educación

La necesidad de que los dos miembros de la pareja trabajen ha motivado que los padres se vean obligados a recurrir a la colaboración de sus propios progenitores para que les ayuden con el cuidado de sus hijos pequeños. Los niños, muchas veces, pasan la mayor parte del día con sus abuelos, reservando una pequeña parte del día, así como el fin de semana, para sus padres.

Padres y abuelos, dos formas distintas de enfocar la educación

De esta forma se establecen dos canales de educación, dos formas distintas de enfocar la situación. Por un lado, los propios padres de los niños, que aun siendo algo permisivos buscan unos principios elementales basados en unas normas concretas (no se toman “chuches”, no se ve la televisión más un determinado tiempo, no se juega a la consola…)  y por otro lado los abuelos, que suelen “saltarse” las normas establecidas por los padres y se muestran mucho más condescendientes con los nietos.

¿Es esto perjudicial para los niños?. Para empezar no hay que preocuparse en exceso, aunque sí tener claras las ventajas y los inconvenientes que esta decisión conlleva. Por un lado, que los propios hijos sean cuidados por los abuelos resulta ser un medio magnífico para que los pequeños adquieran el concepto de vínculo familiar y tomen conciencia de la importancia que en una familia se les da a cada una de sus generaciones.

En el lado opuesto está el riesgo de verse suplantados por los abuelos en algunos aspectos importantes, como son la obediencia y el acatamiento de las pautas que cada familia tiene planteadas. No olvidemos que los niños perciben como positivo lo que se les permite, y tienden a mostrar rebeldía con lo que se les impone por la fuerza si hay un contrapunto que no lo hace.

Para suavizar posibles roces, problemas y malentendidos, al acordar con los abuelos el hecho de compartir la educación de los niños deben establecerse unos principios que ambas partes han de cumplir, sí o sí. Entre ellos no contradecir las normas de la otra parte y educar a los hijos en el respeto de lo que se les ordena y en la obediencia. Predicar con este ejemplo es la mejor manera de evitar que se creen confusiones y que los pequeños reciban mensajes erróneos al respecto de lo que está bien o está mal.

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