Reeducar a un niño exigente e impaciente (II)

Como vimos en el anterior artículo, convivir con un niño que consigue las cosas basando su comportamiento en rabietas, llantos y gritos es una amarga experiencia para los padres que, por otro lado, hay que corregir de inmediato por el bien del menor. Educar a un niño que pida obtener las cosas de inmediato, bajo el riesgo de caer en la rabieta o volverse agresivo, es un problema de conducta adquirida por la excesiva permisividad de sus padres.

Y una vez instaurado y reconocido el problema hay que iniciar un proceso correctivo de inmediato. Lo primero de todo es emplear el razonamiento. Aunque nos parezcan muy pequeños son capaces de entender lo que se les explica si se hace de manera sincera, así que comenzar haciéndoles ver que no siempre puede obtenerse todo de inmediato es un buen comienzo. El objetivo de todo este aprendizaje en común es el de enseñar determinados límites con la suficiente rigidez pero con la necesaria racionalidad de las cosas.

Otro punto importante es que todo el entorno del niño (abuelos, cónyuge, hermanos,…) inicien el mismo proceso de reconducción del comportamiento, que actúen con los mismos métodos con el fin de evitar más desorientación y confusión en el menor.  Es importante espaciar los tiempos de respuesta ante sus peticiones, explicándole los plazos en los que se llevarán a cabo: “te bajaré el juguete en cuanto termine”,  necesario mostrar indiferencia ante una escena de este tipo e imprescindible no ceder aunque las primeras veces no obtengamos la reacción deseada, por otro lado normal.

Por último, igual de primordial es ir reconociéndole su cambio de actitud, elogiar sus progresos con cariño pero con la suficiente firmeza para no demostrar ser demasiado condescendiente de nuevo y, sobre todo, hay que armarse de paciencia, ya que el proceso puede ser largo e ir muy poco a poco.

Importante: nos referimos a corregir estos comportamientos siempre y cuando estos se hayan ido adquiriendo a través del entorno familiar y la poca autoridad de los padres, pero es fundamental distinguir este hecho del proceso normal de desarrollo del niño (que acusa también con episodios de este tipo)  y de otras causas orgánicas que puedan provocarlo. Ante cualquier duda sobre su origen lo recomendable es la visita y consulta a un profesional.

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