Ser auxiliar de vuelo

ser auxiliar de vuelo

Se dice aquello de “cría fama y échate a dormir”; esta frase se refiere al tremendo esfuerzo que supone a veces cambiar un concepto de las personas o las cosas después de que se haya adoptado una opinión en firme al respecto.

En el caso de una auxiliar, o azafata de vuelo, este dicho parece ir como anillo al dedo. Desde siempre su imagen se ha asociado más a una camarera de a bordo que a una pieza clave en la comodidad de los pasajeros y la asistencia a los pilotos. Lo cierto es que tras esa imagen glamurosa se muestra una profesional con una gran preparación, a la que desde luego no le regalan nada, y que ha de trabajar duro para posicionarse profesionalmente. La incorporación del hombre a esta categoría profesional parece haber obrado parte del milagro, y poco a poco se toma conciencia de su importancia y se respeta su labor.

Si te planteas ejercer como auxiliar de vuelo has de saber que no solo basta con tener buena presencia, una estatura adecuada (1,65 en el caso de las mujeres, 1,70 para los hombres), y estar dentro de la franja de edad exigida (entre 21 y 30 años), sino que existen ciertos requerimientos académicos que marcarán tu admisión o eliminación de cada convocatoria.

Para empezar, deberás contar en tu haber con unos estudios a nivel de Bachillerato, C.O.U. o equivalentes a efectos académicos. Tendrás que acreditar unos conocimientos en -mínimo- un segundo idioma (inglés). Si bien no es determinante, supondrá un gran punto a tu favor que hables y escribas perfectamente una de las siguientes lenguas: Búlgaro, Checo, Ruso o Polaco, entre otros. Deberás saber nadar, bajo unos tiempos determinados, y dominar determinadas técnicas en piscina.

Otro aspecto importante alude a la exigencia de entregar un Certificado médico que avale tu estado de salud y que te posibilite para ejercer dicha profesión. Te mirarán la vista, y con más de tres dioptrías no serás admitido/a.

Por último, y aunque parece obvio, no está de más recordar que has de tener plena disponibilidad para moverte y viajar, lo que para algunas personas supone un problema cuando tienen cargas familiares, y señalar algo crucial y que probablemente haya sido el primero motivo para decantarte por la profesión: ha de gustarte mucho viajar, no tener miedo a volar y tener vocación para el servicio y la ayuda.

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