
No todos los exámenes tienen el mismo nivel de importancia en nuestra formación. Cuanto más difícil resulta una prueba, mayor es el nivel de nerviosismo que puede sentir el estudiante, especialmente si se trata de una oposición, una prueba de acceso a la universidad o un examen que puede influir en el futuro académico o profesional. Sentir cierto nivel de ansiedad es normal e incluso puede ayudar a estar más alerta, pero cuando se descontrola afecta al rendimiento, a la memoria y a la concentración. ¿Cómo mantener los nervios bajo control antes, durante y después del examen?
¿Por qué aparecen los nervios y la ansiedad antes de un examen?

Cuando el cuerpo percibe el examen como una amenaza (miedo a suspender, a decepcionar a la familia, a perder una oportunidad, etc.), se activa la clásica respuesta de huida o lucha. Esta reacción provoca aumento de la frecuencia cardíaca, sudoración, sensación de falta de aire, temblores, náuseas o respiración acelerada. Todo esto, si no se gestiona, dificulta la concentración en los estudios y en la propia prueba.
Además de la reacción física, influyen factores personales como el perfeccionismo, la autoexigencia, el miedo al fracaso o la preocupación excesiva por el futuro. Los estudiantes que se critican con dureza, que creen que un solo examen definirá toda su vida o que se comparan constantemente con los demás, suelen experimentar una ansiedad más elevada.
Es importante diferenciar entre unos nervios moderados (que ayudan a estar atentos) y una ansiedad intensa que bloquea, deja la mente en blanco y puede incluso provocar mareos o ganas de vomitar. En este segundo caso, es clave aplicar estrategias específicas de regulación emocional y, si es necesario, pedir ayuda profesional.
Consejos el día previo al examen para llegar más tranquilo
El día previo al examen, es muy importante que dejes un espacio de dos horas y media o tres entre la hora de la cena y el momento de acostarte. Prepara un menú ligero para despedir el día, evitando comidas muy grasas o abundantes que dificulten la digestión y puedan afectar al sueño. Mantener una dieta equilibrada en los días anteriores, rica en frutas, verduras, frutos secos, legumbres, pescado azul y huevos, ayuda a que el cerebro disponga de la energía necesaria.
Comenzamos a prepararnos para un examen mucho antes de la víspera, pero el día anterior es clave para cuidar el descanso. Dormir entre siete y ocho horas favorece la memoria, la concentración y reduce la ansiedad. Intenta no estudiar hasta muy tarde, apaga el teléfono móvil antes de acostarte y evita la luz de pantallas al menos una hora antes, ya que altera la producción de melatonina y puede dificultar conciliar el sueño.
Prepara el día previo el material que quieres llevar al examen (bolígrafos, lápices, DNI, calculadora si se permite, reloj, etc.) y déjalo en tu escritorio para tenerlo listo para el día siguiente. Así evitas despistes de última hora que pueden ser muy frecuentes como consecuencia de los nervios y te proporcionas una sensación de control.
En relación con las bebidas estimulantes, conviene evitar la cafeína (café, bebidas energéticas, refrescos con cafeína) tanto el día previo como justo antes del examen, especialmente si ya estás nervioso. La cafeína estimula el sistema nervioso central y, en exceso, puede aumentar la inquietud, la aceleración y los temblores, empeorando la ansiedad.
Otra medida previa muy útil es organizar el estudio con antelación. Contar con un plan de estudio realista, con tiempo para repasar y días de margen por si surgen imprevistos, reduce el miedo a “no llegar”. Planificar en un calendario qué temas estudiar, cuándo repasar y qué ejercicios practicar disminuye la sensación de caos y la incertidumbre.
Técnicas para controlar la ansiedad antes de un examen
Respira profundamente. Concéntrate en mantener un adecuado control de tu respiración. Una técnica sencilla consiste en inhalar por la nariz contando hasta cuatro, mantener el aire dos segundos y exhalar lentamente por la boca contando hasta seis. Repite este proceso varias veces, centrando tu atención en el aire que entra y sale. Esta respiración diafragmática reduce el ritmo cardíaco y ayuda a prevenir ataques de pánico.
La relajación muscular también es muy eficaz. Puedes tensar durante unos segundos diferentes grupos musculares (manos, hombros, piernas) y luego soltarlos de forma consciente, notando la diferencia entre tensión y relajación. Este método disminuye la tensión física que acompaña a la ansiedad y favorece la calma mental.
Solicita información en la farmacia sobre posibles infusiones naturales que son especialmente adecuadas para potenciar la tranquilidad, como manzanilla, tila o mezclas relajantes. Siempre es aconsejable seguir las indicaciones profesionales y no automedicarse con sustancias que puedan afectar al sistema nervioso.
La música suave antes del examen puede generar un estado psicológico más positivo. Escuchar melodías relajantes durante unos minutos ayuda a disminuir la activación fisiológica, mejora el ánimo y favorece una disposición mental más serena para afrontar la prueba.
Cómo llegar al lugar del examen y qué hacer mientras esperas
Si tienes la posibilidad de ir caminando desde casa hasta el lugar del examen, disfrutarás de los beneficios de un buen paseo. Caminar ayuda a oxigenar el cerebro, rebajar la activación y ordenar las ideas. Si acudes en transporte urbano, intenta mantener tu mente ocupada de manera tranquila: leyendo el periódico, escuchando un podcast de psicología o simplemente observando el paisaje desde la ventana.
Ser puntual es fundamental para evitar uno de los errores más frecuentes al hacer un examen. Llegar con tiempo extra permite adaptarte al entorno, localizar el aula, ir al baño si lo necesitas y revisar con calma tu material. Si llegas justo de tiempo o tarde, tu nivel de activación se disparará incluso antes de empezar, lo que puede afectar a tu rendimiento desde el primer minuto.
Durante la espera previa al examen, valora si te conviene hablar con otros alumnos o estar más en silencio. Algunas personas se relajan conversando de forma distendida, mientras que otras se ponen más tensas cuando oyen a los compañeros comentar temario, posibles preguntas o repasar en voz alta. Lo importante es respetar lo que te resulta más funcional a ti.
Pensar en un plan agradable para después del examen también ayuda a relativizar la prueba. Visualizar que, al salir, vas a quedar con amigos, hacer deporte o simplemente descansar en casa hace que el examen no parezca “el fin del mundo” y reduce la sensación de amenaza.
Mantener una actitud positiva es clave. No se trata de repetir frases irreales, sino de evitar el catastrofismo del tipo “si suspendo, mi vida se arruina”. Sustituir estos pensamientos por otros más ajustados a la realidad (como “me he preparado, voy a hacer lo mejor que pueda y este examen, aunque importante, no lo decide todo”) permite que los nervios no se conviertan en ansiedad paralizante.
Cómo gestionar los nervios durante el examen
Cuando tengas el examen delante, dedica los primeros minutos a leer bien las instrucciones y todas las preguntas con calma. Marca aquellas que te resulten más fáciles o que recuerdes mejor para empezar por ellas. Esto te dará confianza, te recordará que sí dominas gran parte del contenido y hará que los nervios se reduzcan poco a poco.
Si en algún momento te quedas en blanco o notas un bloqueo, es importante no forzar la situación. Deja esa pregunta unos minutos, realiza varias respiraciones profundas y pasa a otra parte del examen que domines mejor. Dar vueltas obsesivas a un bloqueo suele incrementarlo. Permítete unos segundos de pausa y luego vuelve cuando la mente esté algo más despejada.
Durante la prueba, presta atención a tu diálogo interno. Trata de evitar pensamientos como “seguro que lo estoy haciendo fatal” o “todos van mejor que yo”. Sustitúyelos por mensajes de autoapoyo (“voy a concentrarme en esta pregunta”, “esto sí lo sé”, “puedo ir paso a paso”). Ser tu propio entrenador interno marca la diferencia.
Recuerda que un cierto nivel de activación es normal y no tiene por qué ser negativo. Un poco de adrenalina mantiene la atención y la agudeza mental. El objetivo no es eliminar por completo los nervios, sino impedir que lleguen a un punto en el que te bloqueen o te impidan demostrar lo que sabes.
Al terminar el examen, evita comprobar inmediatamente todas las respuestas con los compañeros o en internet. En la mayoría de los casos, el examen ya está entregado y revisar al detalle solo aumentará la preocupación, especialmente si aún te quedan más pruebas por hacer. Es preferible desconectar, descansar y preparar con calma el siguiente día.
Actitud mental: aceptar el error y aprovechar los nervios a tu favor
Es cierto que puede que algo no vaya bien, sin embargo, debes mantenerte enfocado constantemente en que todo irá positivamente, especialmente, si has preparado el examen de forma óptima con tiempo de estudio. Aceptar que puedes fallar forma parte de una actitud saludable: equivocarse no te define como persona ni como estudiante, y proporciona información valiosa para mejorar en futuras pruebas.
Trabajar los pensamientos positivos no significa negar la realidad, sino evitar el derrotismo. Repetirte que todo saldrá mal o que no eres capaz solo incrementa la ansiedad y te aleja de tu mejor rendimiento. En cambio, reconocer tus esfuerzos, tus logros previos y tu capacidad de aprendizaje fortalece la confianza.
Los nervios forman parte del proceso y, bien gestionados, pueden convertirse en un recurso. La energía extra que sientes al acercarse el examen puede dirigirse hacia la concentración, el repaso estratégico y la atención a los detalles. La clave está en canalizarla mediante una buena preparación, hábitos saludables y técnicas de regulación emocional.
Cuidar la alimentación, el sueño, la organización del tiempo de estudio, la respiración, los pensamientos y la forma de afrontar la prueba te permitirá transformar la ansiedad en un nivel de activación útil. De este modo, aumentan tus posibilidades de mostrar todo lo que sabes y vivir los exámenes con más serenidad y sensación de control.