

Si anteayer os presentábamos las claves para realizar un buen ‘powerpoint’ para la presentación de trabajos y proyectos en posibles oposiciones, hoy os decimos cómo realizar un buen discurso frente a un público, también muy utilizado en las pruebas orales de oposiciones como magisterio y todas sus especialidades (infantil, primaria, etc.).
Como consejo general, os diremos que, para preparar un buen discurso, además de saber manejar el tema que se quiere exponer y tenerlo aprendido de memoria o muy bien interiorizado, se debe tener claro en qué fases se puede dividir, para así poder organizarte mejor y saber en qué momento tienes que hablar de una cosa u otra. Dominar estas fases te permitirá no solo aprobar una oposición o superar una prueba académica, sino también presentar proyectos profesionales, intervenciones en eventos o discursos personales con mucha más seguridad.
Pasos para preparar un buen discurso
Define tu objetivo
El primer paso que debes preparar es el objetivo de tu discurso, es decir, lo que quieres lograr con él y a quiénes va dirigido. No es lo mismo preparar un discurso frente a los compañeros de tu clase que frente a un tribunal que va a examinarte y te va a poner una puntuación de la que dependerás a la hora de conseguir trabajo. Tampoco es igual dirigirte a un auditorio profesional que a familiares y amigos en un acto más informal.
Antes de escribir una sola línea, pregúntate: ¿quiero informar, motivar, persuadir o emocionar? Definirlo te ayudará a decidir el tono, el vocabulario y el tipo de ejemplos que vas a utilizar. También conviene marcarte objetivos concretos: qué ideas clave quieres que recuerde el público, qué acción te gustaría que realizaran después o qué imagen quieres proyectar de ti como orador.
Ponle un título diferente a tu discurso
En este paso te toca ser creativo/a. Debes elegir un título para tu discurso, aunque normalmente si vas a exponer un trabajo en concreto, este llevará el mismo título que tu trabajo. Aún así, en este paso te pedimos algo de creatividad. Tienes que llamar la atención de tu audiencia desde el principio y el título debe ser llamativo y rompedor.
Un buen título suele ser claro, específico y sugerente. Puedes recurrir a preguntas (“¿Cómo superar el miedo a hablar en público?”), a datos llamativos (“Tres decisiones que cambiaron nuestra empresa”) o a frases que prometan un beneficio concreto. Piensa que el título es, en muchos casos, la primera impresión que el público se lleva de tu intervención y condiciona su disposición a escucharte.
¿Cuál será tu conclusión final?
Una vez sabes tu objetivo y tienes el título de tu discurso, debes trabajar tu conclusión final. Esta será aquella que des como últimas líneas de tu discurso. Ten en cuenta que lo último es lo que más se recuerda, así que trabaja bien esta parte e impresiona a tu audiencia.
Tu cierre debería resumir las ideas esenciales, reforzar el mensaje principal y dejar una sensación clara: inspiración, urgencia, compromiso, esperanza… Puedes terminar con una llamada a la acción específica, una frase breve y potente, una imagen que resuma todo el discurso o una pregunta que invite a seguir reflexionando. Ensaya varias opciones de cierre y elige la que mejor encaje con tu objetivo y con la situación.
Organiza tus ideas
Ahora toca organizar tus ideas en puntos. Si tienes la suerte de poder presentar tu discurso con el apoyo de un ‘powerpoint’ este te ayudará bastante, sobre todo a la hora de estructurar tu trabajo. Si no es así, debes hacer un planteamiento mental o por escrito de cuáles son los puntos más importantes de tu discurso y tenerlos claros siempre para sacarlos cuando más los necesites.
Prepara un buen comienzo
Así como el final es importante para dejar un buen recuerdo en tu audiencia, también lo es tu introducción. Esta será la que abrirá paso al resto del discurso, por lo que principalmente deberás procurar con ella llamar la atención de tu audiencia y hacer que no se aburran.
Los primeros segundos concentran la máxima atención del público. Para aprovecharlos, puedes optar por varias estrategias eficaces: una historia personal breve relacionada con el tema, una pregunta provocadora que haga pensar, una estadística impactante que muestre la importancia del asunto o una cita corta que resuma la idea central. Sea cual sea el recurso elegido, debe estar totalmente vinculado con tu mensaje para que no se quede en un simple efecto teatral.
Técnicas para captar y mantener la atención del público
Una vez diseñado el contenido, el siguiente reto es mantener al público interesado de principio a fin. No basta con tener buenas ideas: hay que saber cómo presentarlas para que resulten fáciles de seguir, memorables y cercanas.
Cuenta historias y utiliza ejemplos concretos
Los oyentes recuerdan mejor las historias que los conceptos abstractos. Introduce anécdotas personales, casos reales o situaciones cotidianas que ilustren tus ideas. Las historias humanizan al orador, crean empatía y facilitan que el público se identifique con lo que cuentas.
Procura que estos relatos sean breves, relevantes y auténticos. No necesitas un gran drama: basta con una situación que muestre claramente el problema, lo que hiciste para afrontarlo y el aprendizaje que obtuviste. Después, enlaza explícitamente la historia con el punto que quieres destacar para que nadie se pierda el significado.
Utiliza datos y preguntas que hagan pensar
Complementa las historias con datos concretos que den peso a tus argumentos. Una cifra sorprendente ayuda a que el público tome conciencia de la magnitud de un problema o del impacto de una solución. Siempre que puedas, acompaña el dato de una comparación visual (equivalencias, proporciones) que lo haga más fácil de imaginar.
Intercalar preguntas al público, aunque no esperes una respuesta en voz alta, es otra forma muy eficaz de despertar la atención. Preguntas como “¿Qué haríais vosotros en esta situación?” o “¿Cuántos de los que estáis aquí habéis sentido esto alguna vez?” obligan a la audiencia a posicionarse mentalmente y a seguir tu hilo.
Adapta el lenguaje a tu audiencia
Un buen discurso utiliza un lenguaje claro y sencillo. Evita tecnicismos innecesarios, frases excesivamente largas o estructuras complicadas que hagan que el oyente se pierda. Solo cuando te dirijas a un público muy especializado es recomendable incorporar términos técnicos, y aun así conviene explicarlos brevemente.
Ten en cuenta también la edad, formación e intereses de las personas que te escuchan. El mismo tema no se explica igual para estudiantes que para profesionales o para un jurado de oposición. Cuanto más se ajuste tu vocabulario y tus ejemplos al perfil del público, más impacto tendrá tu mensaje.
Manejo de nervios, práctica y lenguaje corporal
Ensaya mucho sin depender de la memoria literal
El trabajo previo es el mejor aliado de cualquier orador. Es fundamental practicar tu discurso varias veces, primero en voz alta tú solo y después, si es posible, delante de alguien de confianza. Esto te permitirá ajustar el tiempo, pulir frases confusas y ganar soltura.
Sin embargo, conviene evitar memorizar palabra por palabra. Apréndete la estructura, las ideas clave y algunas frases importantes, pero deja margen para la espontaneidad. De esta forma, si en un momento dado te quedas en blanco por el miedo escénico, podrás recuperar el hilo apoyándote en tus puntos principales sin bloquearte.
Controla los nervios antes y durante el discurso
Es normal sentir nervios al hablar en público. Para controlar los nervios, prepara un pequeño ritual previo: revisar el lugar con antelación, comprobar el material (micrófono, proyector, ordenador), respirar profundamente unas cuantas veces y hacer un breve calentamiento de voz.
Durante el discurso, presta atención a tu velocidad y volumen. Tendemos a hablar demasiado rápido cuando estamos nerviosos; obligarte a ir un poco más despacio y a hacer pausas cortas te ayudará a parecer más seguro y, además, facilitará que el público te entienda. Si algo falla (una diapositiva, un micrófono), mantén la calma, sonríe y continúa: la audiencia suele ser más comprensiva de lo que imaginamos.
Mirada, postura y conexión con la audiencia
Tu lenguaje corporal transmite tanto como tus palabras. Procura mantener una postura abierta, firme pero relajada, y evita cruzar brazos o esconder las manos. Moverte ligeramente por el espacio, sin deambular en exceso, aporta dinamismo y te permite conectar con diferentes zonas del público.
La mirada es clave: en lugar de mirar al suelo, al techo o solo a tus notas, selecciona varias personas repartidas por la sala y alterna la mirada entre ellas como si mantuvieras varias conversaciones individuales. Esto genera cercanía y hace que el resto de asistentes sienta que también les hablas directamente.
Finalmente, cuida tu apariencia personal de acuerdo con el contexto. Un aspecto pulcro y adecuado al tipo de acto refuerza tu confianza y la imagen profesional que proyectas, aunque el verdadero peso lo tendrá siempre lo que dices y cómo lo dices.
Dominar estos aspectos de comunicación no verbal hará que tu discurso resulte mucho más claro, convincente y agradable de escuchar, tanto en exámenes orales como en cualquier otra situación en la que tengas que hablar frente a un público.
