Normalmente, una de las cosas que solemos hacer después de desayunar, comer o cenar es descansar. De esta forma, ayudamos al cuerpo a que digiera los alimentos que hemos consumido previamente. Una buena práctica que, además, es considerada como de muy saludable. Esto lo hacemos antes de ponernos a trabajar. La pregunta es, ¿deberíamos hacerlo antes de estudiar?
La verdad es que la duda es bastante curiosa, pero hay que diferenciar algunos aspectos. Por ejemplo, cuando reposamos antes de volver a trabajar, en realidad estamos descansando para que la comida empiece a digerirse, puesto que después comenzaremos a hacer un esfuerzo que puede venir mal para los procesos que tiene que hacer el cuerpo.
Teniendo en cuenta el punto anterior, hay diferencias entre volver a trabajar y volver a estudiar. Está claro que estudiando haremos un esfuerzo menor. Sin embargo, sigue habiendo esfuerzo. Por lo tanto, es una buena idea descansar después de desayunar, comer o cenar, antes de ponernos a estudiar. Las razones son parecidas a cuando tenemos que volver a trabajar.
El impacto de la digestión en la concentración

Muchos estudiantes experimentan una sensación de somnolencia o falta de enfoque tras una comida abundante. Esto ocurre porque el organismo redirige el flujo sanguíneo hacia el sistema digestivo para procesar los nutrientes, lo que puede provocar que la capacidad cognitiva disminuya temporalmente. Es común sentir que «la mitad del cerebro quiere dormir» y la otra distraerse, especialmente si se han consumido comidas pesadas.
Para combatir esto, es recomendable no forzar el regreso inmediato al estudio. Esperar entre 45 minutos y una hora puede marcar la diferencia entre intentar estudiar sin éxito y retomar la concentración con eficacia. En este sentido, la cronobiología sugiere que escuchar los ritmos naturales del cuerpo y respetar los tiempos de reposo es fundamental para mantener la salud metabólica y el rendimiento intelectual.
La importancia de la alimentación para el cerebro
Cuando estudiamos, el esfuerzo que hagamos será en su mayoría psicológico. Pero para poder hacerlo será recomendable tener una buena salud. Y esta actitud nos ayudará en ello. Estudiar es una labor bastante importante, ya que nos ayudará a obtener buenos resultados.
En el blog ya hemos comentado que la alimentación es importante para poder estudiar bien, por lo que os recomendamos que tengáis en cuenta este concepto. Alimentaos bien, y de la forma más conveniente. De esta forma, podréis estudiar y tener éxito. No obstante, es vital desmitificar ciertos conceptos:
- Suplementos y superalimentos: No existen «pastillas mágicas» ni suplementos aislados (como el selenio o la taurina) que disparen la memoria de forma instantánea. Los nutrientes como el omega 3 o las vitaminas del grupo B son beneficiosos cuando forman parte de una dieta equilibrada, no como suplementos aislados.
- Nutrientes esenciales: El yodo, el hierro, el zinc y, sobre todo, el agua, son cruciales. La deshidratación reduce drásticamente el rendimiento cognitivo.
- Alimentos recomendados: Para evitar el letargo post-comida, optad por frutos secos crudos, fruta fresca, legumbres horneadas o yogur con frutas.

Estrategias para optimizar el tiempo de estudio y descanso
Si el tiempo es escaso, especialmente en épocas de exámenes, se pueden recurrir a comidas de urgencia que sean nutritivas: cremas de verduras, platos preparados pasteurizados sin azúcares añadidos o conservas al natural (como sardinas o berberechos). La clave es evitar grasas saturadas y harinas refinadas que aumentan la sensación de pesadez.
Sobre el descanso, la siesta corta puede ser una herramienta poderosa. Siempre que sea breve y no interfiera con el sueño nocturno, un pequeño descanso después de comer puede resetear la mente y mejorar la retención de información. Evitar el uso del teléfono móvil inmediatamente después de comer ayuda a que el cerebro no se disperse y sea más fácil volver al «modo concentración».
Más información – Después de estudiar, ¿cuanto debemos descansar?
Foto – FlickR
Mantener un equilibrio entre una dieta saludable, periodos de descanso respetuosos con la digestión y una rutina de sueño constante es la mejor estrategia para maximizar el rendimiento académico. Integrar hábitos de vida activos y evitar el agotamiento mental permitirá afrontar los retos intelectuales con mayor lucidez y menos estrés.