La ULPGC inviste a la Reina Sofía como doctora honoris causa entre elogios y debate interno

  • La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria ha investido a la reina Sofía como doctora honoris causa por su labor social, cultural, científica y educativa.
  • El reconocimiento nace de una propuesta del Banco de Alimentos y ha sido respaldado por el Claustro, aunque con un notable sector crítico dentro de la comunidad universitaria.
  • El acto, marcado por la solemnidad institucional y el luto de la emérita, ha incluido el ritual tradicional de entrega de birrete, libro de la ciencia, anillo y guantes blancos.
  • La investidura se enmarca en una trayectoria de décadas de compromiso con causas sociales, sanitarias y medioambientales y ha reabierto el debate sobre el sentido del doctorado honoris causa en la universidad pública.

Ceremonia doctorado honoris causa Reina Sofía

La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria ha celebrado uno de los actos más simbólicos de su calendario académico con la investidura de la reina emérita Sofía como doctora honoris causa. La ceremonia, desarrollada en el Paraninfo de la institución, ha combinado solemnidad institucional, emoción personal y un intenso trasfondo de debate interno sobre el papel de este tipo de distinciones.

El reconocimiento llega en un momento especialmente delicado para la madre de Felipe VI, que ha retomado paulatinamente su agenda oficial tras la muerte de su hermana, la princesa Irene de Grecia. Aun así, la reina ha afrontado el acto con un perfil discreto, gesto contenido y un luto riguroso que han marcado el tono de la jornada, sin restar protagonismo a la carga académica y social de la investidura.

Un honoris causa impulsado por la acción social y el Banco de Alimentos

La decisión de conceder este doctorado honoris causa no surgió de la nada, sino de una propuesta formal del Banco de Alimentos de Las Palmas, entidad vinculada estrechamente a la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL) y a la Fundación Reina Sofía. Desde hace más de una década y media, la emérita ha respaldado de forma constante campañas de recogida de alimentos y proyectos de apoyo a familias vulnerables, lo que ha sido clave para que se impulsara su candidatura ante la ULPGC.

Tras el aval inicial del Consejo de Gobierno el 4 de noviembre de 2025, el Claustro de la universidad aprobó el nombramiento el 25 de noviembre de ese mismo año. La institución justificó la distinción en el “compromiso firme y sostenido” de doña Sofía con iniciativas sociales, asistenciales y humanitarias, así como por su respaldo a la cultura, la ciencia y la educación, situando su figura como un referente de servicio público más allá de los cargos oficiales.

En su comunicación oficial, la ULPGC subrayó que la reina emérita ha ejercido una influencia relevante en proyectos de cooperación, investigación y acción solidaria, tanto en España como en el exterior, y que su implicación ha contribuido a visibilizar causas que a menudo quedan relegadas a un segundo plano, desde la pobreza alimentaria hasta las enfermedades neurodegenerativas.

El acto, programado inicialmente para el 15 de enero, tuvo que ser pospuesto por el empeoramiento del estado de salud de la princesa Irene, que finalmente falleció ese mismo día. De ahí que la sesión de investidura haya estado atravesada por un componente emocional añadido, con una reina que ha querido mantener su compromiso institucional sin dejar de lado el duelo personal.

Acto académico Reina Sofía ULPGC

Una ceremonia solemne en el Paraninfo de la ULPGC

La jornada de investidura se desarrolló en el Paraninfo de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, convertido por unas horas en epicentro institucional del Archipiélago. A la llegada de la reina Sofía, el recinto la recibió entre aplausos y muestras de respeto por parte del público asistente, en un ambiente que combinaba la formalidad académica con el cariño personal.

Entre las autoridades presentes destacaron la presidenta del Parlamento de Canarias, Astrid Pérez; la consejera de Universidades, Ciencia e Innovación y Cultura, Migdalia Machín; el delegado del Gobierno en Canarias, Anselmo Pestana; el presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales; y la alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria, Carolina Darias. Junto a ellos, el rector de la ULPGC, Lluís Serra, ejerció de anfitrión del acto.

El protocolo académico se siguió al detalle: la reina, con toga y muceta azul celeste correspondientes al área de Humanidades, recibió del rector los cuatro símbolos tradicionales del doctorado honoris causa. El birrete, como signo de sabiduría y de incorporación al claustro; el libro de la ciencia, emblema del acceso al conocimiento y su transmisión; el anillo doctoral, que expresa la unión con la institución y la autoridad intelectual; y los guantes blancos, que remiten a la pureza y rectitud en el ejercicio del saber.

Además de estos atributos, se le hizo entrega del diploma acreditativo que formaliza la distinción, completando así un ritual con fuerte carga histórica dentro del mundo universitario europeo. La escena, marcada por la sobriedad del luto negro de la reina y la solemnidad de la iconografía académica, subrayó la importancia que la ULPGC quiso otorgar al nombramiento.

El acto concluyó con el coro universitario interpretando el himno académico Gaudeamus Igitur, una tradición arraigada en muchas investiduras europeas. Sus notas sirvieron de cierre ceremonial y simbolizaron la incorporación de doña Sofía a la comunidad universitaria como nueva doctora honoris causa, en un guiño a la continuidad de la cultura académica.

Los argumentos a favor: servicio, cultura y dignidad humana

En los discursos de la jornada, la defensa del nombramiento giró alrededor de la idea de que la reina Sofía ha sabido, durante décadas, poner su posición al servicio de causas humanas. Se insistió en que su figura “trasciende el marco institucional” y en que ha ejercido un liderazgo discreto, alejado del foco personal y centrado en apoyar proyectos sociales, culturales y científicos.

La profesora de Filología Moderna, Traducción e Interpretación de la ULPGC, Goretti García, actuó como madrina de la investidura. En su intervención destacó la “inquietud intelectual y humanística” de la reina, su presencia en foros internacionales y su capacidad de generar influencia en favor de colectivos vulnerables, tanto dentro como fuera de España. Recordó, por ejemplo, su amistad y sintonía con el Nobel de la Paz Muhammad Yunus y su respaldo a los microcréditos, que han contribuido a mejorar la vida de miles de personas, especialmente mujeres, en países de economías emergentes.

También se puso sobre la mesa su implicación en proyectos de salud y ciencia, como el Centro Alzheimer Fundación Reina Sofía, que se ha convertido en un referente en la investigación y atención a las demencias, o su colaboración continuada con la Confederación Autismo España. La ULPGC valoró igualmente su apoyo a líneas de investigación vinculadas al CSIC en campos como la biotecnología y otras disciplinas de vanguardia.

El rector Lluís Serra subrayó en su discurso que una universidad “no solo produce conocimiento, también lo orienta, lo cuestiona y lo pone al servicio de la sociedad”, y que en ese empeño la trayectoria de doña Sofía representa un modelo de compromiso ético y social. A su juicio, el honoris causa no se limita a premiar expedientes académicos tradicionales, sino que reconoce trayectorias que contribuyen al bien común y a la difusión del saber.

Serra recordó asimismo que la ULPGC se ha convertido en una de las instituciones españolas que más mujeres ha investido como doctoras honoris causa, reivindicando así una línea de reconocimiento al talento y liderazgo femenino en ámbitos muy diversos. En su intervención, el rector evocó además la figura de la fotoperiodista palestina Fátima Hassouna, última persona en recibir esta distinción a título póstumo, como ejemplo de la dimensión ética que la universidad quiere imprimir a sus homenajes.

Un perfil marcado por la proyección internacional y los reconocimientos previos

La investidura en Las Palmas se suma a una larga lista de reconocimientos académicos y culturales que la reina Sofía ha acumulado a lo largo de su vida pública. La emérita ya ha sido distinguida por instituciones como la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y la Real Academia de la Historia, además de varias universidades españolas e internacionales.

Entre esas universidades figuran centros de prestigio como Valladolid, Cambridge, Oxford, Georgetown, Nueva York o la Universidad CEU San Pablo, que en los últimos años han ido incorporando a doña Sofía a sus nóminas de doctores honoris causa. Todo ello ha reforzado su perfil como figura de referencia en ámbitos vinculados a la cultura, la educación y la cooperación internacional.

En el plano social, la Fundación Reina Sofía mantiene desde 2012 un acuerdo marco de colaboración con la Federación Española de Bancos de Alimentos. En los últimos años, esa alianza se ha ampliado para incluir la modernización de instalaciones, la mejora de infraestructuras y el apoyo a proyectos que permitan garantizar la continuidad de la ayuda a familias con menos recursos, especialmente en momentos de crisis económicas o emergencias.

A ello se suma su implicación en iniciativas medioambientales, reflejada recientemente en la concesión del Premio Gorila de Loro Parque Fundación, que reconoce trayectorias destacadas en la defensa de la biodiversidad, el bienestar animal y la protección del patrimonio natural. Aunque este galardón se concedió en un acto diferente, también en Canarias, la ULPGC no ha dejado de mencionar su relevancia como parte del perfil global de la reina.

Fuera del Paraninfo, la visita académica incluyó un gesto simbólico de arraigo con la propia universidad: la madre del Rey participó en la plantación de un árbol en el Bosque de la Ciencia del Campus de Tafira, un acebuche que quedó identificado con una placa conmemorativa. Esta tradición, habitual en algunos doctorados honoris causa de la ULPGC, pretende reforzar la idea de un campus más verde y acogedor para la comunidad universitaria.

Críticas internas y debate sobre el sentido del honoris causa

El reconocimiento a la reina Sofía no ha estado exento de polémica dentro de la propia ULPGC. Un nutrido grupo de docentes y personal universitario ha cuestionado abiertamente la idoneidad del nombramiento, hasta el punto de difundir dos manifiestos críticos con el criterio seguido por el rectorado y el Claustro.

El primer texto, titulado “¿Qué significa honrar a alguien en nombre de la universidad?”, abrió la discusión al plantear que el doctorado honoris causa debe reservarse a trayectorias directamente vinculadas a la producción de conocimiento, al pensamiento crítico y a la excelencia académica, y no a lo que consideran gestos de cortesía institucional hacia figuras de la monarquía o del poder.

Posteriormente, más de medio centenar de firmantes -profesorado y personal de la ULPGC- suscribieron un segundo manifiesto bajo el título “La solidaridad de la reina Sofía. El turismo de causas sociales de la beautiful people”. En él, endurecieron sus críticas y calificaron la trayectoria solidaria de la emérita como un ejemplo de “turismo de causas sociales”, al estimar que se basa en presencia en actos y campañas sin cuestionar las raíces estructurales de problemas como el hambre o la desigualdad.

Para estos docentes, el honoris causa es una “declaración identitaria” de la universidad, no un mero trámite protocolario. Alertan de que, si se concede el máximo reconocimiento académico por apoyar a los Bancos de Alimentos, se podría transmitir el mensaje de que cualquier persona que haga voluntariado o donaciones podría aspirar a la misma distinción, diluyendo el valor intelectual y ético que consideran que debe caracterizar al título.

En sus textos, los críticos hablan de una “solidaridad-espectáculo” y de una “solidaridad higiénica, inodora e incolora”, orientada -según su interpretación- a reforzar la imagen de la institución monárquica y de entidades promotoras como la propia Federación Española de Bancos de Alimentos. También cuestionan que la candidatura de la reina haya sido la única, en la historia reciente de la ULPGC, que no ha logrado la unanimidad del Claustro, y advierten del riesgo de convertir a la universidad en “hazmerreír” dentro del sistema universitario si se diluye el rigor en la concesión de estos títulos.

La respuesta institucional de la ULPGC y el respaldo político

Frente a este malestar, el equipo de gobierno de la ULPGC ha reiterado que el nombramiento fue aprobado por una amplia mayoría del Claustro universitario, superando con holgura las exigencias formales previstas en los estatutos. El rector Lluís Serra ha defendido en varias ocasiones que la legitimidad del proceso deriva tanto de la votación como de la trayectoria social, cultural y científica atribuida a la reina Sofía.

Desde la universidad se insiste en que los honoris causa no se limitan a premiar carreras estrictamente académicas, sino que también reconocen vidas dedicadas al servicio público, a la promoción del conocimiento, a la cultura y al bien común. En esa línea, señalan que el caso de doña Sofía encajaría en el perfil de figuras con impacto social que han contribuido a visibilizar y apoyar proyectos de investigación, educación y acción humanitaria.

La institución ha remarcado asimismo su trayectoria previa en la concesión de doctorados honoris causa a mujeres destacadas en diferentes campos, interpretando esta nueva investidura como un paso más en la visibilización del liderazgo femenino. No obstante, han preferido reservar las explicaciones más detalladas sobre la polémica para comparecencias públicas específicas, emplazando a los medios a la rueda de prensa en torno al acto institucional.

En el plano político, la presencia de cargos como la presidenta del Parlamento de Canarias, Astrid Pérez, sirvió también como gesto de respaldo a la decisión de la universidad. Pérez calificó el reconocimiento como “justo y merecido” y destacó la trayectoria de la reina Sofía como un ejemplo de compromiso con la sociedad, la cultura y el conocimiento, además del orgullo que supone para Canarias que su universidad pública acoja un acto de este tipo.

Desde la perspectiva institucional del Archipiélago, el acto se interpretó como una oportunidad para reforzar la proyección de la ULPGC y de Canarias en el contexto universitario español y europeo, asociando la imagen de la comunidad a valores de cohesión social, defensa del conocimiento y servicio público. Todo ello, sin dejar de percibir el debate interno como síntoma de una universidad viva, en la que las decisiones relevantes son objeto de discusión y contraste de ideas.

Un momento clave en la agenda reciente de la Reina Sofía

La investidura como doctora honoris causa ha llegado en una fase particularmente intensa de la agenda pública de la reina emérita. Tras un periodo de luto marcado por las muertes de la princesa Irene de Grecia y de su prima Tatiana Radziwill, doña Sofía ha retomado progresivamente sus actividades oficiales con una marcada vocación social y solidaria.

Pocos días antes del acto en la ULPGC, la madre del Rey realizó una visita al Banco de Alimentos de Bizkaia, en Basauri, para conocer de primera mano la instalación de un campo de placas solares de alrededor de mil metros cuadrados, financiado por la Fundación Reina Sofía con el apoyo de Caser Seguros. El objetivo de este proyecto pasa por reducir emisiones de carbono, avanzar hacia un modelo energético más sostenible y abaratar la factura eléctrica de la entidad, liberando recursos para la ayuda social.

Este tipo de actuaciones refuerza el perfil de la reina como figura que, más allá de los gestos protocolares, respaldaría iniciativas de modernización y sostenibilidad en organizaciones del tercer sector. La ULPGC ha querido enmarcar la investidura en ese contexto de apoyo continuado a entidades sociales y científicas, interpretándolo como una extensión de su compromiso de largo recorrido.

En Canarias, su participación en actos como la entrega del Premio Gorila, vinculado a la protección de la biodiversidad y el bienestar animal, o esta investidura académica, ha contribuido a perfilar su paso por las islas como una combinación de homenajes, trabajo institucional y continuidad de sus causas habituales, pese a la situación personal compleja que atraviesa.

Así, la imagen que deja la visita es la de una reina emérita que, envuelta en un luto sobrio, mantiene un hilo de continuidad entre su trayectoria histórica en la Casa Real y su papel actual como referente de determinadas causas sociales, sanitarias y medioambientales, ahora respaldado con un nuevo sello académico por parte de una universidad pública española.

El conjunto de la ceremonia, las reacciones y el debate generado dibujan un escenario en el que la ULPGC ha puesto el foco a la vez en la proyección exterior, en la defensa del compromiso social y en la discusión interna sobre qué debe significar hoy un doctorado honoris causa, dejando claro que el nombramiento de la reina Sofía no es solo un gesto honorífico, sino también un punto de inflexión para reflexionar sobre la relación entre universidad, poder simbólico y servicio a la sociedad.

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