La prevención de la fragilidad en las personas mayores se ha convertido en una prioridad absoluta en salud pública, tanto a nivel nacional como internacional. A medida que aumenta la esperanza de vida, crece también el número de personas que viven más años, pero no siempre en las mejores condiciones de salud, autonomía o bienestar social. Frente a este reto, proyectos innovadores como EMA-FRAILTY y programas de salud comunitaria como FRAIL+AP están marcando un antes y un después en la forma de entender el envejecimiento saludable.
Lejos de limitarse a intervenciones puntuales, las nuevas líneas de trabajo en fragilidad apuestan por modelos integrales que combinan tecnología, investigación, cuidados profesionales cercanos y participación comunitaria. Desde el uso de sensores y sistemas de monitorización avanzada en los hogares hasta talleres de ejercicio físico, educación sanitaria y estrategias para disminuir la soledad no deseada, el enfoque actual persigue anticiparse a la dependencia y reforzar la capacidad funcional de las personas mayores en su propio entorno.
Qué es el proyecto europeo EMA-FRAILTY y por qué es clave en salud pública
EMA-FRAILTY es un proyecto europeo de gran envergadura que supone un impulso notable en la prevención de la fragilidad en personas mayores. Financiado a través del programa Transforming Health and Care Systems (THCS), esta iniciativa busca transformar la forma en que los sistemas sanitarios identifican y abordan la vulnerabilidad asociada al envejecimiento, situando el hogar de la persona en el centro de la intervención.
El proyecto inició formalmente su recorrido con una reunión inaugural celebrada en la Universidad de Alicante, institución que coordina el consorcio internacional. La cita marcó el punto de partida de un trabajo colaborativo que se prolongará durante tres años, con un presupuesto aproximado de 1,5 millones de euros destinado al diseño, desarrollo, validación y evaluación de un sistema de teleasistencia avanzada para mayores frágiles y prefrágiles.
Al frente de la coordinación de EMA-FRAILTY se encuentra el profesor Francisco Flórez-Revuelta, director del grupo de investigación Entornos Inteligentes para un Envejecimiento Activo y Saludable (AmI4AHA) en la Universidad de Alicante. Su equipo, con amplia experiencia en tecnologías aplicadas al cuidado de mayores, lidera la propuesta técnica y científica para integrar soluciones digitales en la vida cotidiana de las personas, sin invadir su privacidad ni obligarlas a cambios bruscos en sus rutinas.
Tal y como ha señalado su coordinador, el objetivo es adelantarse a los primeros signos de fragilidad, antes de que aparezcan situaciones de dependencia o deterioro funcional severo. La idea es detectar cambios sutiles en la movilidad, el estado de ánimo, la interacción social o los hábitos de actividad diaria mediante un seguimiento continuo pero discreto, que permita intervenir a tiempo y adaptar los cuidados a las necesidades concretas de cada persona.
EMA-FRAILTY no se limita a una prueba de laboratorio; el sistema se instalará y validará en hogares reales de personas mayores en distintos entornos, de forma que los resultados sean trasladables a la práctica asistencial en diferentes contextos sociosanitarios. De esta manera, se busca que la solución sea realmente aplicable y escalable dentro de la red de servicios de salud y de cuidados de larga duración.
Un consorcio internacional para abordar la fragilidad desde múltiples perspectivas
El consorcio del proyecto EMA-FRAILTY está formado por instituciones de cuatro países europeos: España, Italia, Polonia y Rumanía. Esta composición multinacional permite integrar experiencias, marcos regulatorios, realidades sociodemográficas y modelos de atención diferentes, enriqueciendo el diseño del sistema y facilitando que pueda adaptarse a diversos servicios de salud.
En el caso de España, la Universidad de Alicante ejerce como coordinadora, apoyada por la Fundación para la Gestión del Instituto de Investigación Sanitaria y Biomédica de Alicante (ISABIAL), que aporta su experiencia en investigación clínica, salud pública y evaluación de intervenciones. También participa la Asociación Gerontológica del Mediterráneo, que incorpora la perspectiva de la gerontología social y el trabajo directo con personas mayores y sus entornos.
En Italia, el consorcio cuenta con la Università Commerciale Luigi Bocconi de Milán, una de las instituciones de referencia en economía de la salud y análisis de políticas sanitarias. Su papel resulta clave para estudiar el impacto económico, la relación coste-efectividad y la viabilidad de que el sistema EMA-FRAILTY pueda escalarse e integrarse en los sistemas de salud europeos.
Polonia está representada por la SGH Warsaw School of Economics, que aporta conocimiento en gestión sanitaria, economía y evaluación de programas de salud. Además, Rumanía participa a través de la Fundatia Ana Aslan International, institución con larga trayectoria en investigación sobre envejecimiento y en la atención a personas mayores, especialmente en el ámbito de la geriatría y la gerontología clínica.
Gracias a esta combinación de agentes académicos, clínicos, sociales y económicos, EMA-FRAILTY puede abordarse como un proyecto integral, más allá de la simple innovación tecnológica. El consorcio trabaja tanto en el diseño del sistema como en la evaluación de su impacto sanitario, social y económico, así como en el análisis de las barreras para su implantación en distintos países y contextos.
Tecnologías AAL y Evaluación Ecológica Momentánea (EMA) al servicio de las personas mayores
La base tecnológica de EMA-FRAILTY se apoya en el paradigma de Ambient Assisted Living (AAL), conocido en castellano como Vida Asistida por el Entorno. Se trata de un enfoque que integra dispositivos, sensores, plataformas digitales y servicios de apoyo con el objetivo de facilitar la vida independiente de las personas mayores, apoyando su seguridad, su autonomía y su participación social sin obligarlas a abandonar su domicilio.
En este proyecto, las tecnologías AAL se combinan con la técnica de Evaluación Ecológica Momentánea (Ecological Momentary Assessment, EMA). Esta metodología se basa en recoger información en tiempo real, o casi en tiempo real, sobre el estado de la persona en su contexto habitual, sin tener que esperar a las visitas presenciales o a cuestionarios retrospectivos. De este modo se obtiene una fotografía más precisa, dinámica y representativa de cómo se encuentra el individuo a lo largo del día y de la semana.
Para ello, el sistema previsto en EMA-FRAILTY incluye sensores ambientales instalados en el hogar (por ejemplo, en puertas, pasillos o zonas de paso frecuente), dispositivos portables como pulseras o relojes inteligentes que monitorizan movimiento y constantes, cámaras con mecanismos de privacidad reforzada y aplicaciones móviles que permiten recabar datos sobre el estado emocional, la percepción de salud o la interacción social.
La clave es que todo este ecosistema tecnológico se integre de manera no invasiva, de modo que la persona mayor pueda seguir con su vida cotidiana sin sentirse vigilada o sobrecontrolada. La información recogida se procesa mediante algoritmos que detectan patrones y cambios relevantes, avisando a los profesionales cuando se identifica un posible deterioro funcional, emocional o social, o un aumento del riesgo de caídas o dependencia.
Este tipo de soluciones, si se implementan de forma ética y transparente, permite pasar de modelos reactivos a modelos proactivos en salud pública. En vez de esperar a que aparezca una fractura, una hospitalización o un agravamiento brusco, se pueden planificar intervenciones tempranas, personalizadas y adaptadas a los recursos disponibles en el sistema sanitario y social.
Objetivos estratégicos del proyecto EMA-FRAILTY
EMA-FRAILTY se estructura en torno a una serie de metas muy concretas que alinean el componente tecnológico con las necesidades reales de salud pública. Su propósito central es crear un sistema de monitorización continua en tiempo real que sea útil, viable y aceptado tanto por las personas mayores como por los profesionales y las instituciones.
En primer lugar, se persigue la detección e intervención tempranas de la fragilidad. A través del análisis de la actividad diaria, el equilibrio, las rutinas de sueño, la movilidad dentro del hogar o los cambios en la interacción social, se aspira a identificar señales tempranas de deterioro que muchas veces pasan desapercibidas en las consultas tradicionales. Cuando se detectan estas señales, se diseñan estrategias de intervención para frenar o revertir la progresión de la fragilidad hacia la discapacidad.
Otro objetivo esencial es lograr una atención personalizada, basada en patrones individuales. A partir de los datos recopilados en tiempo real, el sistema analiza la situación particular de cada persona para proponer planes de cuidado, recomendaciones de actividad física, modificaciones en el entorno o ajustes en los apoyos sociales que estén adaptados a su realidad, evitando soluciones genéricas que no tienen en cuenta la diversidad de las personas mayores.
La integración tecnológica discreta en los hogares es otra de las metas del proyecto. No basta con diseñar dispositivos avanzados; es imprescindible que sean fáciles de usar, que no interfieran en la intimidad y que no generen una sensación de vigilancia invasiva. La adherencia a este tipo de sistemas depende en gran medida de que las personas los perciban como aliados y no como una carga o una amenaza para su privacidad.
En paralelo, el equipo de EMA-FRAILTY dedica una parte importante del trabajo a explorar los aspectos legales y éticos derivados del monitoreo continuo. La protección de datos personales, el consentimiento informado, la transparencia sobre qué se mide y para qué, así como los mecanismos de control por parte de la persona usuaria, son pilares fundamentales. Se analizan también las responsabilidades de los distintos agentes (proveedores tecnológicos, servicios de salud, cuidadores, etc.) ante posibles incidencias o mal uso de la información.
Desde la perspectiva de políticas sanitarias, uno de los ejes clave es estudiar el impacto económico y social del sistema. Se analizan costes directos e indirectos, la posible reducción de ingresos hospitalarios por caídas o descompensaciones, la disminución de la dependencia, así como los beneficios en calidad de vida y en carga para los cuidadores informales. El objetivo es valorar si el sistema es sostenible y replicable en diferentes países y regiones con recursos sanitarios dispares.
Además, EMA-FRAILTY pone un énfasis especial en la participación de todos los agentes implicados: profesionales de la salud, pacientes, cuidadores familiares, organizaciones comunitarias y gestores sanitarios. Se los implica tanto en el diseño como en la validación del sistema para que responda a problemas reales y para reducir resistencias a la adopción.
Por último, el proyecto dedica esfuerzos a identificar las barreras de adopción y los posibles obstáculos de implementación. Esto incluye el análisis de percepciones, miedos y prejuicios sobre el uso de tecnologías en el hogar, la brecha digital en personas mayores y familias, las diferencias organizativas entre sistemas de salud, y los requisitos de formación para que los equipos clínicos puedan integrar estos datos en su práctica diaria.
Pilotos en condiciones reales y contribución a sistemas sanitarios más sostenibles
Para que un sistema como EMA-FRAILTY sea realmente útil, no basta con que funcione en entornos controlados; es imprescindible probarlo en condiciones reales de vida. Por ello, el proyecto prevé estudios piloto en varios países, con especial relevancia en España y Rumanía, donde se instalará el sistema en hogares de personas mayores con diferentes perfiles de fragilidad.
Durante los próximos tres años de desarrollo, los equipos multidisciplinares de los distintos socios del consorcio trabajarán de forma coordinada en el diseño, prueba y evaluación del sistema. Se recogerán datos sobre su usabilidad, aceptación, capacidad para detectar cambios clínicamente relevantes, impacto en la percepción de seguridad y autonomía, y efectos sobre la calidad de vida.
Se espera que los resultados permitan no solo mejorar la situación individual de las personas mayores participantes, sino también aportar evidencia robusta a nivel de salud pública. Uno de los grandes objetivos es optimizar los recursos del sistema sanitario mediante una intervención más temprana, que reduzca hospitalizaciones evitables, ingresos en residencias por pérdida de autonomía y complicaciones asociadas a caídas o descompensaciones.
En un contexto de envejecimiento poblacional y presión creciente sobre los sistemas de salud, proyectos como EMA-FRAILTY abren la puerta a modelos de atención más sostenibles. La combinación de tecnología, seguimiento continuo y prevención secundaria puede aliviar parte de la carga asistencial, siempre que vaya acompañada de estrategias de coordinación entre niveles asistenciales y servicios sociales.
Además, la experiencia de los estudios piloto permitirá identificar qué componentes del sistema son más eficaces, cuáles deben ajustarse a determinadas culturas y estilos de vida, y qué tipo de formación necesitan los profesionales para integrar de forma efectiva la información procedente de los dispositivos y plataformas digitales en su práctica clínica.
FRAIL+AP: prevención de discapacidad y caídas desde la Atención Primaria
Más allá del ámbito estrictamente tecnológico, la prevención de la fragilidad también se impulsa desde proyectos asistenciales como FRAIL+AP, una iniciativa de la Gerencia de Atención Primaria de Tenerife, adscrita a la Consejería de Sanidad. Este programa se orienta a la atención integral de personas mayores frágiles y prefrágiles, con la intención de prevenir la discapacidad, reducir el número de caídas y promover un envejecimiento saludable en la comunidad.
El proyecto FRAIL+AP se está pilotando inicialmente en seis centros de salud de la isla de Tenerife, situados en los municipios de Icod de los Vinos, La Orotava, Puerto de la Cruz, Tacoronte y Granadilla. En estos centros, la intervención descansa en la coordinación entre Enfermería Comunitaria de Enlace y Fisioterapia de Atención Primaria, cuyos profesionales han recibido formación específica basada en la evidencia científica más actual sobre fragilidad, ejercicio y prevención de caídas.
Una de las claves del programa es la captación temprana de personas mayores frágiles desde las consultas, a menudo aprovechando visitas por otros motivos. Tras esta detección inicial, se realiza una valoración geriátrica integral y una evaluación detallada de la capacidad funcional de cada persona, que sirve de base para diseñar un plan individualizado de intervención.
Posteriormente, las personas incluidas en el programa acceden a talleres educativos grupales y a un ciclo de once sesiones de ejercicio multicomponente, estructuradas para trabajar la fuerza muscular, el equilibrio, la resistencia y la movilidad. Estas sesiones se complementan con recomendaciones nutricionales y con pautas específicas para la prevención de caídas en el hogar y en el entorno comunitario.
El enfoque de FRAIL+AP no se limita a lo físico. El programa también aborda la soledad no deseada, el riesgo social y la baja participación comunitaria, promoviendo la creación de entornos protectores y activos de salud en los municipios donde se desarrolla. La idea es reforzar las redes de apoyo, fomentar actividades sociales significativas y aprovechar los recursos comunitarios existentes para mejorar el bienestar integral de las personas mayores.
Coordinación profesional y alineación con estrategias de envejecimiento saludable
La coordinación del proyecto FRAIL+AP está liderada por profesionales de Enfermería Comunitaria de Enlace y fisioterapeutas de Atención Primaria, integrados en la Gerencia de Atención Primaria de Tenerife. Su misión es articular este modelo de intervención dentro de los equipos multidisciplinares de cada zona básica de salud, de manera que el abordaje de la fragilidad se convierta en una línea de trabajo estable y no en una acción aislada.
A raíz de los buenos resultados obtenidos en un proyecto de investigación nacional promovido por la Universidad Carlos III y el Sistema Nacional de Salud, en el que participó el Centro de Salud de Tacoronte, la Gerencia de Atención Primaria de Tenerife ha decidido extender el pilotaje a otros centros de salud de la isla. El propósito es generalizar una respuesta asistencial coordinada frente al aumento de población mayor vulnerable.
Desde la gerencia se subraya que este tipo de intervenciones contribuyen decisivamente al mantenimiento de la autonomía, la reducción de la dependencia y la mejora de la calidad de vida. Al aproximar los cuidados especializados al entorno cotidiano de las personas mayores, se favorece que estas permanezcan en su domicilio con mayor seguridad y durante más tiempo, disminuyendo la necesidad de institucionalización.
FRAIL+AP se enmarca en las líneas estratégicas regionales y nacionales de atención al envejecimiento saludable, la promoción de la capacidad funcional y la prevención de la fragilidad. Este alineamiento con las políticas de salud pública facilita su integración en la planificación sanitaria y abre la puerta a futuras expansiones y adaptaciones a otros territorios.
El proyecto forma parte del conjunto de iniciativas del Servicio Canario de la Salud (SCS), que incluye programas formativos para profesionales sanitarios, documentos de consenso y grupos de trabajo interinstitucionales centrados en el envejecimiento saludable. Gracias a ello, la prevención de la fragilidad y de las caídas se aborda desde una perspectiva tanto clínica como comunitaria y de promoción de la salud.
Fragilidad, caídas y envejecimiento saludable: prioridad en la agenda de la OMS y del SCS
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que el abordaje de la fragilidad es una de las prioridades clave en las acciones para promover el envejecimiento saludable. No se trata solo de añadir años a la vida, sino de garantizar que esos años se vivan con la mayor autonomía y calidad posible, manteniendo la capacidad funcional y la participación social.
Los datos epidemiológicos muestran que entre el 10 % y el 20 % de las personas mayores de 65 años presentan fragilidad, un porcentaje que se eleva hasta alrededor del 50 % a partir de los 80 años. A ello se suma que aproximadamente un 30 % de las personas mayores sufre al menos una caída al año, y que las caídas son responsables de hasta el 70 % de los ingresos hospitalarios por lesiones en población mayor.
En este contexto, el concepto de envejecimiento saludable se define como el proceso de fomentar y mantener la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez. Implica aprovechar todas las oportunidades posibles para preservar y mejorar la salud física y mental, la independencia y la calidad de vida, a lo largo de toda la trayectoria vital.
El Servicio Canario de la Salud cuenta con varios programas orientados a prevenir la fragilidad, mantener la autonomía y favorecer el envejecimiento saludable. Entre ellos destaca la actualización del “Documento de consenso sobre prevención de fragilidad y caídas en la persona mayor”, desarrollado por la Dirección General de Salud Pública en el marco de la Estrategia Nacional de Prevención y Promoción de la Salud del Ministerio de Sanidad.
Además, el SCS dispone de un grupo de trabajo interinstitucional en colaboración con la Federación Canaria de Municipios (FECAM) y el Servicio de Promoción de la Salud, cuyo objetivo es mejorar las acciones de envejecimiento saludable en los distintos municipios. Fruto de esta colaboración se ha elaborado el documento “Recomendaciones para trabajar el envejecimiento saludable en los municipios”, que orienta a los ayuntamientos y agentes locales sobre cómo diseñar entornos urbanos y comunitarios que favorezcan la autonomía, la participación y la seguridad de las personas mayores.
De forma paralela, el SCS, a través de las direcciones generales de Salud Pública y de Programas Asistenciales, así como del servicio de Geriatría hospitalaria, ha desarrollado acciones formativas dirigidas a los profesionales sanitarios del ámbito comunitario. Estas actividades formativas se centran en envejecimiento saludable, fragilidad y prevención de caídas, proporcionando herramientas prácticas para la detección precoz, la valoración integral y la implementación de intervenciones basadas en la evidencia.
Investigación, docencia y evidencia científica como soporte de las intervenciones
El avance en proyectos como EMA-FRAILTY y FRAIL+AP no sería posible sin un ecosistema robusto de investigación e innovación. En paralelo al desarrollo de estas iniciativas, diferentes grupos académicos y clínicos están generando conocimiento científico que ayuda a comprender mejor los determinantes de la salud, la vulnerabilidad y la respuesta a las intervenciones, tanto en personas mayores como en otros colectivos.
En el ámbito universitario, se han publicado trabajos que exploran la gamificación y el uso de recursos digitales para mejorar el aprendizaje en áreas como la química y la educación científica. Por ejemplo, estudios sobre aplicaciones gamificadas para enseñar formulación en química orgánica, actividades lúdicas para comprender la naturaleza de la ciencia o propuestas de gamificación narrativa en cursos de formación del profesorado. Este tipo de investigaciones, aunque centradas en educación, muestran cómo el uso inteligente de la tecnología y del diseño de experiencias puede mejorar la motivación, la presencia y el compromiso, principios extrapolables a programas de promoción de la salud en la comunidad.
Asimismo, diversos artículos profundizan en la adaptación de la gamificación a las necesidades específicas de los estudiantes de magisterio y en cómo estas estrategias incrementan la motivación intrínseca y el interés por la ciencia. Aunque pueda parecer distante de la fragilidad, es un buen recordatorio de que la tecnología, bien enfocada, puede aumentar la adherencia y la implicación, algo esencial cuando se plantean sistemas digitales de seguimiento y autocuidado para personas mayores.
En el terreno clínico y comunitario, la literatura reciente incluye estudios sobre acceso equitativo a la prevención de infecciones en personas con vulnerabilidades diversas, revisiones sobre proyectos de aprendizaje-servicio universitario y su impacto social en ciudadanos y organizaciones comunitarias, así como investigaciones centradas en la experiencia de pacientes con enfermedades crónicas complejas, como la enfermedad renal avanzada y el proceso de evaluación para trasplante.
Estos trabajos ponen de relieve la importancia del rol de la enfermería y otros profesionales sanitarios en la experiencia del paciente, la toma de decisiones compartida y la implementación de enfoques basados en la evidencia. En el caso de la enfermedad renal crónica avanzada, por ejemplo, se ha estudiado cómo enfermeras y médicos perciben los factores que influyen en la aplicación de prácticas basadas en la evidencia, y cómo se pueden abordar las barreras para mejorar los resultados.
También se han publicado investigaciones sobre diferencias de género en pacientes que van a someterse a artroplastia de cadera, así como sobre el impacto de la preparación emocional liderada por enfermería en la salud mental tras este tipo de cirugía. Estos estudios enlazan con el enfoque de la fragilidad porque recalcan la relevancia de un acompañamiento emocional adecuado, de la perspectiva de género en la atención y de intervenciones que van más allá de lo puramente biomédico.
En el campo de la salud pública y la formación, destacan asimismo estudios longitudinales sobre factores que predicen actitudes positivas y percepciones de la formación en control del tabaco entre estudiantes de enfermería. Este tipo de evidencia muestra cómo la educación y la sensibilización desde etapas tempranas de la formación profesional son claves para que, en el futuro, estos profesionales lideren programas de promoción de la salud y prevención de enfermedades crónicas, incluyendo aquellas que se relacionan con la fragilidad.
Por último, las revisiones sobre el impacto social de proyectos de aprendizaje-servicio universitario en la ciudadanía y las organizaciones comunitarias ponen de relieve el potencial de la colaboración entre universidad y comunidad para abordar problemas complejos de salud y bienestar. En el ámbito de la fragilidad y el envejecimiento, este enfoque permite diseñar intervenciones que combinan la mirada académica con la realidad cotidiana de las personas mayores.
En conjunto, iniciativas como EMA-FRAILTY, FRAIL+AP y las distintas estrategias y estudios en envejecimiento saludable apuntan hacia un modelo de salud pública que combina tecnología, cuidados cercanos, participación comunitaria y evidencia científica. La meta común es anticiparse a la fragilidad, reducir el impacto de las caídas y de la discapacidad, y promover que las personas mayores puedan vivir más años, pero sobre todo vivirlos mejor, con mayor autonomía, seguridad y bienestar en su entorno habitual.