Niños desmotivados

Imagen: Carly Cram Photography

Todos hemos tenido en alguna ocasión la sensación de haber perdido el interés por las cosas. Llamanos -y con razón- a esa situación estar desmotivados. Notamos que estamos faltos de energía y que no somos capaces de tomar decisiones lógicas si no es llevados por el desánimo. Parece que los adultos estamos más “habituados” a estas situaciones pues obviamente vivimos en un mundo completamente diseñado para ser competitivos y alcanzar metas muy rápidamente, a cualquier precio. Por este motivo, una vez alcanzados los objetivos, sentimos que no vamos a ninguna parte.

¿Qué ocurre cuando la desmotivación se instala en un niño?. Este hecho es preocupante, y exige analizar las causas, pues diversas razones pueden subyacer en un estado de pereza que claramente se traduce en la falta de vitalidad propia de los niños.

¿Qué puede ocasionar la desmotivación en un niño?, claramente podemos diferenciar varios tipos de desinterés en un niño. Primero de todo hay que distinguir el desánimo propio de alguna patología o síntoma transitorio (fiebre, dolor de cabeza, gripe, molestias gástricas,…) de aquellas otras evidencias, también físicas pero no diagnosticadas correctamente, que causan una dificultad en el aprendizaje y/o la atención (mala visión, oir mal, …)  y de aquellas otras cuya causa parece estar en algún desorden emocional o psicológico y que, puede -a su vez- tener un origen en el entorno familiar, social o escolar del menor.

Evidentemente, en el primer caso se trata de un hecho pasajero que remitirá con el debido tratamiento y ante esto no hay que preocuparse. En cambio, en las demás circunstancias es preciso un diagnóstico preciso para salvar al niño de una situación que bloquea la actividad normal e impide su vida cotidiana.

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