Qué hacer si te pones enfermo justo el día del examen

  • Valora con realismo la gravedad de la enfermedad y prioriza tu salud, pidiendo atención médica si es necesario.
  • Si el malestar es leve y controlable con medicación prescrita, puedes acudir al examen tomando medidas de autocuidado y planificación.
  • Cuando la enfermedad impida presentarte, comunica cuanto antes con el centro o tribunal y aporta un justificante médico.
  • Infórmate de las normas de recuperación o aplazamiento de tu prueba para poder solicitar nuevas fechas sin perder tu derecho a examen.

Estudiante enfermo antes de un examen

Qué hacer si te pones enfermo el día del examen

Se trata de una situación bastante peliaguda. Imaginad que os habéis preparado durante semanas para hacer frente a un examen bastante importante. Por delante han pasado decenas de horas de estudio de las que habéis podido sacar bastante provecho. Pero, de un momento a otro, vuestro cuerpo no aguanta más y os ponéis enfermos. Lo peor es que eso sucede el día antes o incluso la misma mañana de la prueba. ¿Qué hacer en este tipo de situaciones para no tirar por la borda todo el esfuerzo realizado?

Es un problema muy gordo. En primer lugar, hay que tener en cuenta que todo depende de la gravedad. Podemos tener desde un simple dolor de cabeza hasta un constipado fuerte que ni siquiera nos deje movernos de la cama, una gastroenteritis, un cólico o incluso un ataque de apendicitis. Por una parte, podemos tomar algún tipo de pastilla con el fin de calmar temporalmente los dolores (y que nos dé tiempo a hacer el examen). Por otra, es posible que no podamos hacer eso o que, aunque queramos, la indisposición sea tan intensa que nos impida cumplir con el compromiso.

Valorar la gravedad y cuidar la salud primero

Valorar la gravedad de la enfermedad el día del examen

Antes de tomar cualquier decisión conviene detenerse un momento y valorar con calma la gravedad real de lo que os ocurre. No es lo mismo un leve malestar o unos nervios intensos que una fiebre alta, vómitos repetidos o un dolor abdominal agudo. En muchos casos, los nervios pueden exagerar la percepción del malestar, pero una enfermedad seria requiere atención médica inmediata y, probablemente, reposo.

Si lo que tenéis es un síntoma leve (por ejemplo, un dolor de cabeza moderado o algo de congestión), puede que baste con tomar la medicación adecuada prescrita por un profesional sanitario, hidratarse bien y descansar un rato antes del examen. En cambio, si hay fiebre alta, fuerte dolor, mareos intensos, vómitos o cualquier síntoma que os impida concentraros mínimamente o incluso desplazaros, forzar la situación puede ser perjudicial para la salud y, además, hacer que el examen salga mal.

En este punto es importante escuchar tanto al cuerpo como al criterio médico. Si acudís a un centro de salud o a urgencias, el personal sanitario podrá determinar si estáis en condiciones de realizar el examen o si es mejor guardar reposo, así como emitir un justificante en caso de que no podáis asistir.

Tomar medicación y acudir al examen cuando es posible

Tomar decisiones si estás enfermo el día del examen

En el caso de que podáis tomaros una pastilla o el tratamiento pautado por un médico, y la enfermedad sea leve, es posible que todo quede medio arreglado. El medicamento hará su efecto y podréis acudir al centro de estudios durante el tiempo suficiente como para cumplir con el examen, quizá algo más cansados, pero sin poner en riesgo vuestra salud. Pensad que muchas personas llegan a exámenes importantes con pequeños catarros o molestias y aun así logran rendir de forma aceptable.

No obstante, conviene ser prudentes. Si sospecháis que el malestar puede ir a más, como le ocurre a quien se despierta de madrugada pensando que solo tiene un resfriado y acaba vomitando varias veces, hay que aceptar que la situación puede cambiar en pocas horas. A veces uno siente que en ese preciso momento podría aprobar el examen, pero la evolución de la enfermedad es incierta y debéis tener en cuenta cómo estaréis dentro de unas horas, no solo cómo os sentís en el instante actual.

Si decidís ir al examen con síntomas leves, procurad llevar agua, pañuelos, algo ligero de comer y todo lo necesario para estar lo más cómodos posible. Llegad con tiempo al aula, respirad hondo y centrados en las preguntas. Aunque no estéis al cien por cien, vuestra preparación previa puede compensar parte de esa desventaja. Eso sí, si en mitad de la prueba os encontráis muy mal, comunicadlo al profesor o vigilante para que quede constancia de la situación.

Cuando la enfermedad impide presentarse: comunicar y justificar

En el caso de que no podáis recurrir a medicación o, aun haciéndolo, la enfermedad sea demasiado intensa como para poder presentaros, nuestra principal recomendación es que llaméis al instituto, universidad o tribunal del examen y comuniquéis que os será imposible asistir. Hacedlo tan pronto como os sea posible para que quede claro que no se trata de un simple plantón de última hora.

También sería conveniente, al día siguiente o en cuanto os sea factible, presentar algún tipo de justificante médico que acredite vuestra situación, especialmente cuando se trata de exámenes oficiales (selectividad, EBAU, oposiciones, pruebas de acceso, etc.). Este informe será la base para que los responsables del centro o del tribunal estudien vuestro caso y puedan ofreceros una alternativa.

En muchas pruebas importantes, como los exámenes de acceso a la universidad o ciertos procesos de oposición, los tribunales muestran una gran sensibilidad hacia las enfermedades graves o los accidentes que impiden acudir al examen. Cuando la indisposición está debidamente acreditada, se suele buscar una solución que no provoque un perjuicio desproporcionado para el estudiante o aspirante.

Lo habitual, siempre que exista una razón justificada y correctamente documentada, es ofrecer la posibilidad de realizar el examen en un horario o fecha diferente, minimizando así el daño causado por una situación que es ajena al estudiante. En algunos casos se habilitan días extra dentro de la misma convocatoria; en otros, se permite que la prueba se haga en una convocatoria posterior pero con condiciones equiparables a la de quienes se examinaron en la fecha inicial.

Casos frecuentes y cómo suelen resolverse

Las situaciones que justifican no presentarse a un examen o solicitar un aplazamiento suelen agruparse en varios tipos. Entre los más habituales están las enfermedades graves de inicio súbito (gripe intensa, cólico, apendicitis, gastroenteritis severa), los accidentes que impiden acudir al aula, y otras causas de fuerza mayor que escapan totalmente al control del estudiante, como fenómenos meteorológicos extremos que obligan a cancelar vuelos o cierran carreteras.

En todos estos casos, el patrón que siguen los responsables académicos y muchos tribunales es similar: se analiza si la causa es ajena al estudiante, imprevisible y realmente inevitable, y se exige una acreditación sólida (informes médicos, atestados, documentos de cancelación de transporte, etc.). Cuanto mejor documentada esté la situación, más opciones hay de conseguir un nuevo horario o una fecha alternativa sin que ello suponga ventajas injustas frente al resto de alumnos.

Hay que tener en cuenta que, aunque exista comprensión, no siempre se concede el aplazamiento automáticamente. Cada centro, universidad u organismo tiene sus propias normas internas y plazos. Por eso, además de justificar la ausencia, es fundamental leer bien la normativa del examen (bases de la oposición, instrucciones de la EBAU, reglamento del centro…) para saber cómo proceder, a quién dirigirse y en qué plazo presentar la documentación.

Si, pese a todo, el órgano responsable no admite vuestra justificación y no os permite recuperar la prueba, siempre cabe la posibilidad de presentar un recurso o reclamación siguiendo los cauces establecidos. En ese caso puede ser útil asesorarse con un servicio jurídico o con el departamento de orientación del centro, pero conviene saber que estos procesos pueden ser largos y no siempre garantizan un resultado favorable.

Prevención: cómo reducir el riesgo de enfermar justo antes del examen

En cualquier caso, cuando veáis que vais a tener un examen importante, será mejor que os pongáis manos a la obra para tener el cuerpo en perfecto estado. Así no habrá inconvenientes de última hora. No se puede controlar todo, pero sí minimizar riesgos siguiendo una serie de pautas de prevención durante las semanas y, sobre todo, en los días previos a la prueba.

Resulta muy útil cuidar el descanso nocturno, intentando dormir las horas suficientes y manteniendo horarios regulares. También ayuda llevar una alimentación equilibrada, evitando excesos y comidas pesadas justo la noche anterior, y manteniendo una buena hidratación. A esto se añade la higiene de manos y el evitar, en la medida de lo posible, el contacto cercano con personas que estén claramente resfriadas o enfermas cuando se acerca el día del examen.

El manejo del estrés también es clave. Muchas veces, lo que se interpreta como malestar físico intenso es en realidad una combinación de nervios y falta de descanso. Hacer pausas en el estudio, salir a caminar un rato, practicar respiraciones profundas o pequeñas técnicas de relajación puede reducir la tensión y ayudar a que el cuerpo responda mejor.

Pese a todas las precauciones, siempre existirá la posibilidad de que surja un imprevisto sanitario en el peor momento. Tener claro de antemano qué hacer, a quién avisar, qué documentos pedir y cómo se gestionan las ausencias justificadas en vuestro centro os dará tranquilidad y evitará decisiones precipitadas. Preparar el examen también implica, en parte, prepararse para estos escenarios poco probables pero posibles.

Aunque enfermar el día del examen puede parecer un desastre, conocer vuestras opciones, cuidar la salud en la medida de lo posible y actuar con rapidez y transparencia ante el centro o el tribunal permite, en muchos casos, salvar la situación y que tanto vuestro esfuerzo de estudio como vuestro bienestar salgan lo menos perjudicados posible.